lunes 06 de abril de 2009 - 10:00 AM

En los días santos

Pobres los que viajan por las espantosas carreteras de Colombia, abandonadas por nuestros gobiernos rateros, y salen a lugares atestados de gente a repagar por todo y a recibir desatenciones en los chuzos que, como los agentes de la 'seguridad democrática', se alinean en la carretera.

Y lo más duro para quienes viajan en automóvil, para no cometer infracciones, es tener que hacer el recorrido a la pata del camión más lento porque, por ejemplo, entre Bucaramanga y Bogotá, pocas son las opciones que da la vía para rebasar un carro. Y, como si fuera poco, tener que hacer colas enormes cada vez que hay un peaje –que los hay por montones–, esperando a que una incapaz muchacha reciba la cuota de miles de vehículos que esperan el turno durante horas. Y después viene el siguiente peaje, y así… Carreteras que no dan abasto para el número de vehículos que quieren transitar por Colombia.

Carreteras que no han recibido la ampliación ni la modernización que las circunstancias actuales claman a gritos. Carreteras que son ocupadas por grandes vehículos que impiden el paso de un auto pequeño, pero se hacen caber cuando se encuentran de frente con otro del mismo tamaño. Carreteras con trancones eternos por culpa de la inconciencia de los más avivatos, que se meten por la izquierda, a costa de lo que sea, con el mal ejemplo de los vehículos de transporte público, cuyos choferes desatienden los reclamos mientras atienden el celular.

Y pobres también quienes se someten a la inhumanidad de las empresas de transporte aéreo, que presumen de ser los dueños de la vida de los pasajeros, aun cuando estén por fuera del avión. Les encanta prohibir, y miran al pasajero como si no fuera él quien garantiza su sustento; pero no se les ocurre, especialmente en esta época, disponer de un teléfono en el aeropuerto para ofrecer información de las operaciones en estos días diluviales de abril.

Una de las satisfacciones más grandes que puede tener el descanso de Semana Santa es la posibilidad de quedarse en casa, leyendo cositas y viendo películas, adelantando tareas y poniendo al día conversaciones pendientes; buscando fórmulas para los siete potajes, el jueves, y organizando ejercicios de reflexión y paz en familia, el viernes. En fin, lo mejor que le puede pasar a uno en estos días de descanso no remunerado es quedarse en casa, pensando en cómo mejorar su vida y en las posibilidades que vendrán. 

 

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