lunes 19 de abril de 2021 - 12:00 AM

Fumigación aérea no

La fumigación no destruye nada porque sí, pero lo que lleva la avioneta es glifosato, un veneno, un tóxico para los seres vivos, prohibido en países donde se respeta la vida. Aquí no
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Columna de
Puno Ardila

El pasado viernes, 16 de abril, me llamó la atención el titular del texto de Mario Fernando Prado, “Fumigación aérea sí” (vea la columna en https://main-elespectador-caracoltv.content.pugpig.com/2021/04/15/fumigacion-aerea-si/pugpig_index.html), y me detuve a leerla para encontrar argumentos a favor de esta decisión unilateral del Gobierno colombiano.

El texto dice que el narcotráfico «está engañando a quienes creen que la fumigación destruye la naturaleza». Estamos de acuerdo. La fumigación no destruye nada porque sí, pero lo que lleva la avioneta es glifosato, un veneno, un tóxico para los seres vivos, prohibido en países donde se respeta la vida. Aquí no.

Después vienen dos falacias: que el uso del glifosato «no es nuevo en nuestro país», y «que tire la primera piedra el hombre del campo que no lo haya usado en algún momento». Todo cabe aquí: no es nuevo en nuestro país el uso de las bolsas plásticas ni la pesca con dinamita; y que tire la primera piedra el hombre del campo que no lo haya hecho en algún momento.

Que la decisión cuenta con el apoyo de todas las instituciones nacionales; ¿no son todos de la misma camada?, y dispara un escupitajo ideológico: que quien critique o reclame es opositor o enemigo del Gobierno o idiota útil, y que se está desinformando cuando se publica que el glifosato es perjudicial para la salud.

Cierra así: «Pues de ninguna otra manera podrá el Estado combatir el mayor mal que nos aflige a los colombianos». Pues fíjese que sí, señor Pardo; su frase de cierre sirve —precisamente— como punto de partida para una necesaria y verdadera discusión. Vea usted que la manera de resolver el problema del narcotráfico es eliminando la prohibición, y «se les acaba la guachafita», como dice su presidente.

Fíjese también que, para lograr cualquier solución a este y a todos los problemas del país, primero hay que acabar con la corrupción, que es —este sí— el más grande de todos los males en nuestro país: son los corruptos los más interesados en continuar con estas políticas contra-ambientalistas que redundan —créamelo— en beneficio del narcotráfico, y de la corrupción, por supuesto.

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