lunes 03 de febrero de 2020 - 12:00 AM

La imbatible Elena

me sumo a las voces de profesores de la UIS, que, ante el llamado a salir a las calles a defender a la profesora Elena, han afirmado que ella —con su decencia, su profesionalismo y su probidad— no necesita montoneras para defenderse.
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Columna de
Puno Ardila

Insisto en que el único y verdadero elemento de nuestra identidad cultural es la camiseta de la selección, así algunos grupos políticos y tendencias sociales hayan intentado apropiársela, como si un elemento cultural tuviera dueños. Con la camiseta de la selección podemos sentirnos identificados como colombianos, sin distingos de ninguna naturaleza.

Pero también en el fútbol está la semblanza de lo que somos: desde las tribunas, una masa, como Vicente, que va para donde va la gente, y desde la cancha, con acciones, individuales y colectivas, con posturas para sacar ventaja, cuando —por ejemplo— un jugador se tira al suelo porque el rival lo toca o lo mira feo. O cuando le atraviesa la pata al otro jugador, y con la zancadilla lo saca a volar, la reacción frente al justo pitazo del árbitro es manotear y alegar, como si vociferar y negar fuera argumento verdadero. Y la tribuna grita enardecida: “Árbitro vendido, hp”, como si los gritos y las vulgaridades tuvieran más poder cuanto más fuertes y más numerosos sean.

Y así se ve en los medios y en las redes sociales, en contra incluso de argumentos sólidos, sean racionales, de autoridad, de hecho o de ejemplificación; la respuesta es el grito, el insulto y la amenaza.

Esta indignante y dura realidad se ve en el caso de la ilustre profesora Elena Stashenko, cuyo serio e impecable trabajo científico sacó a la luz un descubrimiento que obligó a contratar a uno de los más reconocidos (*) abogados del país, que quiso ganarse su seguramente altísimo anticipo con amenazas y palabrotas, como es su costumbre, también reconocida en medios y redes sociales.

Por lo anterior, me sumo a las voces de profesores de la UIS, que, ante el llamado a salir a las calles a defender a la profesora Elena, han afirmado que ella —con su decencia, su profesionalismo y su probidad— no necesita montoneras para defenderse.

(*) El abogado, a quien alguien oportunamente llamó “el Lobo”, es “reconocido” porque las causas que defiende siempre están relacionadas con lo que tiene sumido al país en el desorden, la corrupción y el caos.

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