lunes 23 de marzo de 2009 - 10:00 AM

La importancia del ‘no’

Decir que ‘no’ generalmente es un reto porque la gente no acepta que uno no quiera, o que esté en desacuerdo, y mucho menos que pretenda cuestionar, en especial cuando quien dice o hace tiene poder. Aquí, cuando el otro tiene el arma en la mano, lo único por decir es ‘sí’; bueno, ni siquiera ‘sí’: ‘sí, señor’.

Son tan importantes los derechos de decir que ‘no’ y de controvertir que pueden constituirse en la manera racional de hacer oposición como recurso metodológico de evaluación y reestructuración, sin que por ello se tenga que terminar acusado de delincuente. Pensar distinto es un derecho que no puede castigarse. Basta leer comentarios a columnistas para toparse con insultos, muy parecidos casi siempre, alrededor de lo mismo: 'comunista, guerrillero, subversivo, enemigo'; falacias ‘ad hóminem’ y no verdaderos argumentos.

Algunas veces se controvierte a la oposición —así debe ser—, pero se cae en lo mismo, como en el último texto de Gabriel Angarita Buitrago: 'Carlos Gaviria en su fundamentalismo iluso y resentido (…) el socialismo o el comunismo el enemigo número uno de la libertad (…) en el fondo es un retrógrado (…) siempre y cuando se trate de enemigos del presidente Álvaro Uribe Vélez, que es como decir enemigos de la democracia (…) quieren traer el chavismo a Colombia y ambos responden a un resentimiento sordo…'. En realidad, posturas como ésta poco ayudan a la discusión de ideas y se van simplemente a los ataques personales, de donde no se sale bien en todos los casos.

Justamente, por querer apoyar el derecho de la discusión y de decir que ‘no’, resulté omitiendo una negación que me puso a decir exactamente lo contrario: donde decía 'Ojalá, cuando se decidan, del Polo no quede sino el charco', debía decir 'Ojalá no sea que, cuando se decidan, del Polo no quede sino el charco'. La idea era pedir a la oposición que eso haga, oposición, que diga que ‘no’, que discuta, pero con estructuras sólidas de su organización y de sus ideas.

Es importante que el poder no tenga también el monopolio de la opinión, y que exista del lado contrario el derecho y la posibilidad de controvertir, así como la discusión sana y bien fundamentada y el respeto por las opiniones ajenas. Es importante la oposición, porque con ella existe también el debate y se abona el terreno para mejorar; si no hay oposición, los que detentan el poder se perpetúan y se tiranizan. 

 

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