lunes 26 de octubre de 2009 - 10:00 AM

La Ley en clase

Las monjas llamaron a la Policía porque su vecino exhibía sin pudor todas sus 'partes', sin consideración ni respeto por las religiosas. Los agentes vinieron a la hora señalada y constataron que el hombre salía del baño a su habitación a vestirse, y ni se percataba de ser observado; además, precisaron los agentes que al hombre sólo se le veía de la cintura para arriba, a lo cual ellas corearon: ¡Ah, sí!, ¡pero súbanse ustedes en esta mesa para que vean todo lo que muestra ese sinvergüenza!

En las 'adaptaciones para todo público' cortan o ponen borrosas las imágenes de las películas sin considerar su importancia en la escena, y se queda uno sin entender o sin apreciar la propuesta, y todo porque estos recatados personajes decidieron que unas nalgas de alguien que corre despavorido por un terremoto, o el seno de una mujer que amamanta a su hijo moribundo 'deben quitarse de la escena porque eso es inmoral'; o algo tan común en los doblajes: cuando el actor pronuncia claramente que la comida sabe a 'shit' y que el tipo es un hijo de 'bitch', la traducción dice que sabe a 'diantres' y que el tipo es un 'bastardo'. ¿Cómo puede entenderse que miembros de la Iglesia insistan en que mirarse por donde se orina es pecado y que el mismo Procurador ande enverracado porque se quiere acercar a los estudiantes al conocimiento de las leyes? Es el colmo que les haya caído encima el siglo XXI y no hayan cambiado de postura, ni entendido que la principal función de la escuela es educar para la vida, y en la vida es importante saber defenderse. Es como si alguien resolviera enseñar a sus estudiantes cómo se redacta un derecho de petición o cómo se interpone una acción de tutela y viniera uno de los altos jerarcas del Estado o de la Iglesia a impedirlo, con el mismo argumento que han manejado por los siglos de los siglos: que eso es mejor que el pueblo no se entere de las cosas; que eso mejor deje los santos quietos; que el diablo es el que provoca las preguntas; que eso de estar cuestionando fue la razón de que castigaran a Caín.

El Procurador, muy pío y devoto, muy en su época de inquisidor, cree tener poder para impedir el conocimiento de las leyes y los derechos y para sentenciar que 'sancionará a quien deba sancionar y absolverá a quien tenga que absolver', quién sabe con cuáles criterios. 'Ira furor brevis est'.

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