lunes 23 de noviembre de 2009 - 10:00 AM

La viveza de los colombianos

Un amigo de los hombres y de los perros nos contó que anduvo en Brasil y que las playas, como casi todo por allá, son muy grandes, y que las mujeres, como las muestran en los medios, son bellísimas; pero que el agua es helada, así que sobre la arena hace mucho calor y entre el agua, mucho frío. Y me contó que la gente habla bien de su tierra, y que los ciudadanos viven orgullosos de lo que hacen y de lo que son.

En Brasil los costos del viaje en metro son manejados por discapacitados, como una manera de incorporar toda la fuerza de trabajo posible a las necesidades del país, y en las terminales hay, entre otras cosas, servicio de baños públicos impecables y constantemente disponibles, y en cada uno de ellos hay papel higiénico en uso y un par de rollos de reserva, además de jabón para las manos, que los usuarios van sacando a medida que se necesita. Hasta ahí llegó la descripción del viaje porque a alguien se le ocurrió inmediatamente hacer la comparación con Colombia: aquí los baños permanecerían sucios por fuera y por dentro, sencillamente porque el usuario '¿a cuenta de qué tiene que soltar el agua?, ¡que la suelten los empleados del metro, que para eso les pagan!', y del papel en uso no se vería sino el tubo porque cada usuario se llenaría los bolsillos con 'su parte', y los rollos de reposición habrían salido en algún bolso. Y ni qué decir del jabón: después del primer día todos tendrían que lavarse las manos únicamente con agua.

En Colombia, a quien no tenga este tipo de mañas se le trata de estúpido. Aquí robarse todo debe ser el fundamento de nuestra cultura, porque así lo manda la costumbre: para la gente es normal quedarse con lo que se encuentra, aunque conozca a su dueño. Aquí quedarse con algo ajeno es demostrar que 'el vivo vive del bobo', aunque el bobo requiera de ese algo, y aunque al vivo ese algo no le sirva para nada; lo importante es no desaprovechar el papayazo.

¿Qué pasaría si en Colombia se vendieran en dispensador artículos que sirven solo una vez a quien los adquiere?: no faltaría el vivo que consiga cómo abrirlo sin pagar, y no faltaría el otro más vivo que vacíe el dispensador para contar muerto de risa su hazaña. Y no faltaría el otro más vivo que vuelva pedazos el dispensador, para que sepan que los colombianos sí somos así.

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