lunes 04 de enero de 2021 - 12:00 AM

Lenguaje pobre

Menos palabras y menos verbos conjugados implican menos capacidad para expresar las emociones y menos posibilidades de elaborar un pensamiento
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Columna de
Puno Ardila

Resulta irritante, a veces agobiante, enfrentarse con quien demuestra bajo nivel en el uso de las palabras; una situación que refleja –a todas luces– la impresionante decadencia intelectual que nos está dejando en manos de la mediocridad, en medio de una ceguera, total y consentida, frente a la realidad.

De eso vive nuestra sociedad, de satisfacer bajos perfiles (lo que Paul MacLean llama el “cerebro reptiliano”), porque es más fácil resolver solo lo cotidiano, sin adentrarse en reflexiones, que se producirían con un manejo mayor de palabras. Así, cuanto menor sea el número de palabras de una comunidad, más fácil es su manipulación.

El mundo ha entrado (parafraseando a Christophe Clavé) en una decadencia idiomática que busca simplificar la ortografía de todas las formas posibles (pregúntenle ustedes a cualquier muchacho qué es la diéresis, a ver qué les contesta), y se le ha restado importancia al verbo (la quintaesencia del idioma) hasta el punto de ser eliminado del habla cotidiana: «Menos palabras y menos verbos conjugados implican menos capacidad para expresar las emociones y menos posibilidades de elaborar un pensamiento», dice Clavé. Noten ustedes, por ejemplo, que un discurso cualquiera, de un personaje cualquiera, carece de verbos (los infinitivos no son verbos propiamente): «Primero que todo, agradecer su presencia e invitar a participar...».

La pobreza de naciones como la nuestra se logra (es un propósito, claro) en la medida en que los miembros de la comunidad están limitados en su pensamiento, y el factor fundamental para ello es el empobrecimiento del idioma. Sin la complejidad que conlleva el uso de un idioma elaborado no existe proceso intelectual; y así, sin pensamiento, el pueblo es fácilmente manipulable.

Dos ejemplos para ilustrar lo expuesto: por un lado, la incapacidad de expresarse verbalmente termina en el rompimiento de relaciones en grupos de chat, por la catastrófica limitación en el uso de las palabras; y, por otro, eso de que “en tierra de ciegos, el tuerto es rey” se evidencia en que, como el avestruz, se esconde la cabeza en los medios de comunicación y en las redes sociales para no enfrentar la realidad.

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