lunes 29 de marzo de 2021 - 12:00 AM

Los eufemismos de la tributación colombiana

Cuán probado queda, con esta nueva ley, el cuento de Stalin con la gallina. ¡Qué bien aplicada la estrategia de la rana en el agua caliente!
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Columna de
Puno Ardila

Fiel a sus promesas, «menos impuestos y más salarios», el Duque encargado de este país al garete ha bautizado sus reformas tributarias con nombres más chéveres. Las dos primeras se llamaron Ley de Financiamiento y Ley de Crecimiento (“La-Fina” y “Le-Crece”, para quienes se atreven a criticar este sagrado gobierno). La tercera, que ya asusta el bolsillo, se llama “Ley de Solidaridad Sostenible”, o “Agenda de Transformación Social Sostenible” (A-Tra-So).

Nadie, según el “mandatario”, puede atreverse a criticar esta ley; mucho menos blasfemar diciendo que es una reforma tributaria. «Aquí tenemos que pensar es con patriotismo —dice el tipo—. Quién se puede oponer a esta agenda social; quién se puede oponer a que haya más ingreso solidario para más millones de familias; quién se puede oponer a la gratuidad educativa de la educación superior [sic]; quién se puede oponer a mayor devolución del IVA; quién se puede oponer a esos incentivos para la generación de empleo; quién se puede oponer a que les demos ese estímulo, con el PAEF, a las empresas con unos meses más; quién se puede oponer a que nosotros estimulemos la generación de empleo en la micro y pequeña empresa de nuestro país...».

Qué tipo tan... (¿qué palabra precisa usar?: papanatas, bobalicón, pusilánime... ¡Ninguna de esas!). ¡Qué tipo tan sagaz! ¿Habrase visto tan tremendo y digno representante de los suyos? ¡Qué inteligencia!; le ganó a Claudio. Cuán probado queda, con esta nueva ley, el cuento de Stalin con la gallina. ¡Qué bien aplicada la estrategia de la rana en el agua caliente!

Como tiene más reversa un aguacero, súmese otro punto, entonces, para el Duque y los secuaces. El pueblo pierde una vez más. ¿Y quiénes son los verdaderos beneficiarios de esta y de tantas leyes infames? Los banqueros, los políticos ladrones (perdonarán el pleonasmo) y sus lavaperros. En últimas, los primeros son los que ponen y quitan a los segundos a su acomodo, y dictan leyes para echarle a sus agallas sin fondo y calmar su voracidad de espanto, que tienen sumido al pueblo colombiano cada vez más en la desidia y el abandono.

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