lunes 26 de abril de 2021 - 12:00 AM

Los secretos tras el crimen de Álvaro Gómez

Ahí está la respuesta a muchos interrogantes que la gente se ha hecho, y se hace...
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Columna de
Puno Ardila

Leí de dos tirones el libro Los secretos del asesinato de Álvaro Gómez, de Jorge Gómez Pinilla, un documento de alto nivel: bien escrito, bien pensado, bien estructurado, bien fundamentado. Debe leerlo quien busque enterarse de muchas cositas de nuestro país, no solo alrededor de la muerte del caudillo liberal, sino de nuestra realidad.

Pero no es recomendable para muchos colombianos, porque el texto contiene datos contundentes que no van a querer creer; pruebas testimoniales y documentales que respaldan la tesis que señala a los culpables de la muerte de Gómez Hurtado, y cuáles eran sus propósitos quienes intervinieron en el crimen como autores intelectuales.

Qué están buscando esas personas que aparecen en el libro, que nos remiten a una situación de hace tres décadas, pero que hoy es absolutamente vigente mientras en este país gobiernen no los que deben gobernar (o los que se supone que deben gobernar), sino los que gobiernan detrás del Gobierno, desde organizaciones que —a las buenas o a las malas— hacen lo que quieren hacer. Y esto se deja entrever en las páginas de este documento, que hay que leer en dos pasadas.

Ahí está la respuesta a muchos interrogantes que la gente se ha hecho, y se hace; pero —como les digo, y les repito— hay quienes pueden tener las pruebas en frente, pero se niegan a creer la verdad.

Después del crimen, y después de tanto tiempo, tres hechos importantes aparecen de manera sospechosa: Uno, registrado en el libro, el que la familia de Gómez Hurtado —de manera indignante, y avarienta, sin duda— defienda a convictos y recurra a lo que sea para —al parecer— sacarle plata al Estado. Otro, que se mencione a un personaje misterioso, que ni el mismo Frechette se atrevió a develar. Y, otro, que la aparición de un grupo, como nuevo actor en este escenario, que no había sido incluido en el libreto, deja entrever que del témpano de la verdad solo vemos un pedacito, y la verdad en este país solo se nos permite —como con este libro— cuando podemos contar con verdaderos profesionales del periodismo.

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