lunes 03 de octubre de 2022 - 12:00 AM

Malformación cívica: comenzó la cosecha

En conclusión, nuestra sociedad se ha venido “formando” —o malformando, más bien— al garete. Y estamos viendo las consecuencias en las calles. Y será peor cada día.
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Columna de
Puno Ardila

La señora se sentó justo delante de nosotros, cuando la película apenas comenzaba, y de inmediato encendió su celular para compartir con alguien lejano imágenes y comentarios de la que resultó ser una velada maravillosa (estábamos en el estreno de Pablus Gallinazo). Con temor, me acerqué a ella para decirle que la luz del celular nos molestaba y que, de acuerdo con reportes científicos, podría hacernos daño, a ella y a nosotros.

El temor al momento de pedirle a la mujer que apagara su celular no era más que por las reacciones a que nos hemos visto enfrentados en los últimos años, acrecentadas al regreso de la pandemia. Ante una petición de ceder el puesto a un anciano o a una embarazada, de no parar el taxi o el bus o el camión de gaseosa en la mitad de la calle, con la excusa del derecho al trabajo, de bajar el volumen de su equipo, de no transitar en su moto por la zona peatonal, de respetar la fila, etcétera, etcétera, las respuestas son solo agresiones e insultos, generalmente verbales, pero uno no sabe hasta dónde pueda llegar la gente en nuestra sociedad cuando se le pide respeto —con respeto— por nuestros derechos.

Hoy los profesores dicen que el comportamiento debe enseñarse en casa, porque en las aulas se enseña matemáticas, geografía, historia, castellano... Yo crecí cuando eso era aprendizaje conjunto: además de las respectivas responsabilidades en la formación personal, en la casa se repasaban con los chicos todas estas asignaturas académicas, mientras que, en las aulas, además del programa académico (que incluía, por supuesto, formación en urbanidad y educación cívica), las profesoras afinaban y calificaban la conducta de los chicos. Hoy, en cambio, las niñeras en la casa son las redes sociales (¡horror!) y en las aulas no se aprende matemáticas, geografía, historia, ni castellano. En conclusión, nuestra sociedad se ha venido “formando” —o malformando, más bien— al garete. Y estamos viendo las consecuencias en las calles. Y será peor cada día.

Mensæ tegumentum. Como no alcanzó el espacio, invito a la conclusión de esta historia la próxima semana.

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