lunes 22 de febrero de 2021 - 12:00 AM

Más Chaparros para aprender a leer

¿Qué tal que se hicieran también análisis diacrónicos de los discursos de nuestros flamantes políticos?; ¿cómo quedarían figuras saltarinas como Roy Barreras y Armando Benedetti?
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Columna de
Puno Ardila

A mediados de 2020, Blu Radio publicó una nota sobre un profesor del colegio Virrey Solís de Bucaramanga, que se “atrevió” a poner a sus estudiantes a analizar de forma crítica la serie “Matarife”, y presentar una reflexión, que incluía lectura textual, y contextual (intuyo), de su introducción, sus autores, reseñas de cada capítulo, un juicio de valor y conclusiones.

La pregunta, a propósito, es por qué existe tanto temor de permitir que los jóvenes tengan acceso a las opiniones “contrarias” a sus “líneas rectas”, si lo que se promulga es que el establecimiento hace siempre las cosas bien y al derecho.

Qué bueno sería que los entes de control revisaran esa información contenida en la serie “Matarife”, y puesta en revisión por esta propuesta pedagógica, “permeada por profesores militantes ideológicamente que se alejan de su noble labor”, como dijo Laureano Tirado, del Centro Democrático, y verificaran si lo que se dice es o no cierto, y, frente a ello, emprendieran el cumplimiento de su labor institucional (me temo que no ocurrirá ni lo uno ni lo otro).

¿Se imaginan ustedes que en los colegios pusieran estas actividades como parte de la enseñanza? ¿Qué tal que, por ejemplo, se hicieran análisis comparativos de las disertaciones y de las propuestas de los candidatos en campaña?: se caerían por sí solas, por mendaces y por ridículas.

¿Qué tal que se hicieran también análisis diacrónicos de los discursos de nuestros flamantes políticos?; ¿cómo quedarían figuras saltarinas como Roy Barreras y Armando Benedetti?; ¿cómo quedarían oportunistas como César Gaviria y bobalicones de la “altura” de Andrés Pastrana? Ejemplos hay por bultos; piensen en cualquier político, y métanlo a la lista de candidatos al análisis.

Lo que necesitamos urgentemente en nuestro país son profesores como Wilmer Chaparro, que busquen cambiar el “mi mamá me ama, mi mamá me mima y me mamé de mi mamá” y les abran los ojos a sus estudiantes, para que aprendan, como dice el Indio Rómulo, “a rasguñar su nombre, y después no los engañen, como a yo, y tengan que decirles a todo tiro, mi señor, mi dotor, sumercecito”.

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