lunes 12 de febrero de 2024 - 12:00 AM

No es solo mi opinión, sencillamente

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Lo que pasó en Tropicana debiera llamar a reflexión sobre la responsabilidad de quienes tienen el poder de la pluma (así no sepan escribir) o del micrófono (así no sepan hablar ni sepan de qué hablan).

—¿Qué pasó, acaso? —preguntó Maurén—, es que yo solo coloco Olímpica.

—Pues que salió ‘Paco’ Ramírez a poner en su sitio a su compañera, porque pretendía callarlo cuando él sencillamente quería expresar su opinión —dijo Catalina Arana.

—He ahí el problema, sencillamente —intervino el ilustre profesor Gregorio Montebell —, que el tipo interrumpió de forma grosera el reporte de la información, porque no le gustó su contenido ni le gusta la fuente de esa información. Ahí, con un bostezo, él supone que está opinando sobre esa información (léase, «no me importa»), pero solo está interrumpiendo y buscando ridiculizar. Y, más adelante, acusó de bandido y de narcotraficante al presidente, y ahí entonces termina la línea de la “libertad de expresión”, porque, si no puede probar lo que dijo, está cometiendo un delito. Sencillamente. Ahora tendrá que enfrentar las implicaciones penales que su bocota le causa, por aquello de que «uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice», porque si la víctima no acepta sus disculpas le toca pagar cana. Bueno, en teoría.

Como diría Javier Darío Restrepo (según Alejandra Vergara, de la Fundación Gabo), utilizar el poder de los medios «para insultar o torcer la información e incitar al odio es inadmisible en términos de ética periodística». Y, como dijo uno de los jurados del premio de periodismo CPB, «la opinión no es un género que se enorgullezca de los radicalismos [...] La opinión tiene que ver con llenarse de argumentos para llegar a una postura política, estética o filosófica para abordar un tema relevante. Hay un error en abrazar fervorosamente una bandera o descalificar a alguien que piense distinto».

Antes, locutores y periodistas debían estar licenciados para trabajar; hoy los medios y las redes sociales «les dan espacio a legiones de idiotas», como dijo Umberto Eco. Y el poder en manos de la ignorancia es la barbarie.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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