lunes 17 de agosto de 2009 - 10:00 AM

Nota bene

La semana pasada se metió en mi columna alguna diablita (o diablito, talvez) y modificó algunos apartes de la composición, que me pusieron a cometer errores de ortografía y, lo más importante y comprometedor, a generar ambigüedades respecto al contenido del texto.

En lo ortográfico, algunas fallas con alguna importancia, como poner ‘sur’, en vez de ‘Sur’; 'sin Dios ni ley', en vez de 'sin dios ni ley', porque ahí ‘dios’ no se está refiriendo al dios de las religiones provenientes de la cultura hebrea, cuyo nombre es ‘Dios’. Y otras no tan importantes, como cambiar 'riveras' por 'riberas' y suprimir alguna coma de incisos explicativos.

Pero el cambio más contundente de estas diablitas estuvo en el enunciado inicial. El texto original comienza así: '¿Dónde está la autoridad en Piedecuesta? No la Policía, que acude rauda cuando se la llama, aunque no pueda pasarse de sus muy claros límites, sino las instituciones encargadas de poner orden…'. Pero en la columna apareció 'Ni la Policía…'. En principio, pudiera considerarse como un detalle sin importancia (y yo no lo dije), pero al revisar el texto detenidamente se verá que de un enunciado que pone en limpio la labor de la Policía, se pasa a un enunciado contrario y confuso, simplemente por cambiar ‘no’ por ‘ni’, un adverbio de negación por una conjunción copulativa; una ‘o’ por una ‘i’, aparentemente simple, pero sintácticamente puede volverse catastrófico.

Como cada quien habla de la feria así como le fue en ella, pues mi comentario actual acerca de la Policía no puede ser negativo porque he visto que actúa de manera responsable y presta cuando se la requiere, y ni qué decir de su comportamiento en Vélez, donde la Escuela de Carabineros se lució por todo, hasta por su integración a las fiestas, con lujo de detalles y con el mejor ejemplo para los ciudadanos: muchachos responsables, amables y colaboradores. Hicieron quedar a la Capital Folclórica de Colombia como una princesa.

Cuando la Policía, por cuenta de alguno de sus miembros, ha dejado sinsabores entre la comunidad, así mismo se ha escrito en esta columna, pero, en honor a la verdad y a la razón, el comentario de la semana pasada buscaba cuestionar a las autoridades departamentales y municipales (del Área Metropolitana, pero especialmente de Piedecuesta) y, justamente, sacar en limpio la labor de la Policía, que, como dice el texto, acude rauda cuando se la llama. Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios (con mayúscula, ahora sí).

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