Publicidad

Puno Ardila
Domingo 14 de enero de 2024 - 12:00 PM

Pinceladas de un pueblo disruptivo

Compartir
Imprimir
Comentarios

—Me tocó discutir con un anciano como de cuarenta y tantos años por los derechos que debemos tener los jóvenes para tomar nuestras propias decisiones —dijo Catalina Arana mientras se sentaba a la mesa sobre sus piernas cruzadas.

—Uy, bájele —respondió Maurén desde otra mesa—; yo entiendo que a su edad una persona de más de treinta años es alguien “mayor”, pero eso de meternos a la ancianidad desde los cuarenta, tampoco.

—Pues el tipo quería darme lecciones dizque de civismo y de urbanidad y de no-se-qué más cosas, y terminó diciendo que en la naturaleza de los jóvenes está el ser disruptivo, pero que es importante reconocer nuestro contexto para ser propositivos y no para hacer daños o dejarlos hacer. Yo no le entendí muy bien, y preferí dejarlo con la palabra en la boca.

—¿Usted se dejó insultar así, alegremente, y no le contestó nada? —dijo airada Maurén— ¿Cómo así que disru... qué?

—Disruptivo, y no es un insulto —interrumpió el profesor Bernardino desde la mesa que compartía con el ilustre profesor Gregorio Montebell—. De hecho, es importante la disrupción cuando se es propositivo, porque se rompe con la manera tradicional de ejecutar algo; aunque se termina haciendo daño en sociedades “dominadas” por los jóvenes manipulados por los medios, que les indican qué hacer y qué consumir.

—Ahí venimos siempre a parar, a los medios de comunicación —intervino Montebell—, pero lo disruptivo está regado en la sociedad de una forma tenebrosa, que llevará pronto al colapso. Fíjense ustedes que, por ser diferente, o por llevar la contraria, o por hacerse notar, el pueblo elige a congresistas idiotas, que solo saben publicar videos, insultar y pegar avisos. Lo disruptivo se malinterpreta tanto, que ser disruptivo es publicar oquedades en vez de noticias, agredir a la autoridad y bravearle al peligro, transitar en contravía, transgredir la ley, pagar montones por vestir pantalones rotos y pagar en un restaurante para recibir insultos de una mesera muérgana. Y atrévase a ser disruptivo frente a esto “socialmente disruptivo”, y se viene el mundo encima, porque entonces el loco es uno.

Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí y únase a nuestro canal de Whastapp acá.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad