lunes 12 de abril de 2021 - 12:00 AM

«Por ahora, un abrazo»

Hablar con él siempre fue muy grato, siempre con ideas en la cabeza y con un entusiasmo sin igual. Para mí, se fue un amigo. Se fue una sonrisa. Gracias por ese último abrazo.
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Columna de
Puno Ardila

Tomo mi teléfono y repaso las largas conversaciones con Jorge Pinto. No puedo evitar que asome —a borbotones, la verdad— un montón de lágrimas en mis ojos.

Lo último que me escribió, esperando recuperarse, ya en la clínica, fue esto: «Pedrito, voy a tener que guardar silencio. Y quiero estar muy concentrado en la respiración. Cuando ya pueda, volveré a comunicarme. Por ahora, un abrazo».

Pero no volvió a comunicarse.

Hablo de nuevo con Jorge leyendo estas líneas, y quisiera que no se hubiera muerto, porque me hace falta, porque quiero que hablemos de nuevo. Porque hablar con alguien a quien queremos nos evita la tristeza y la amargura.

Jorge no era triste. Su sonrisa, amigable, sincera, esa que regalaba, esa que dejaba mostrar por poco todos sus dientes, será sin duda el recuerdo permanente que tendré de su presencia. Porque Jorge, antes de hablar, antes de decir algo, antes de encontrarse con uno, siempre aparecía primero con esa sonrisa sincera que pocos seres humanos pueden tener. Él no hablaba y luego sonreía, no. Sonreía para luego hablar; sonreía porque le gustaba la gente, los amigos. Su sonrisa era como una sala donde se reciben los amigos. Era su a-priori. Era como si dijera: «Te recibo primero con mi sonrisa. Siéntate. Ahora sí, hablemos».

Yo tenía un amigo, y ya no.

Es difícil encontrarse con Jorge y no quedar uno asombrado. Confieso que algo así me pasó. Porque, además de su sonrisa, de ese corte “lengerkiano” de Jorge, unido a esas canas que brillaban con el sol y que parecían hilos de oro a la distancia, Jorge era “pintoso” —como decimos en Pereira—. Cuando me dio la mano, y me dijo «mucho gusto, Jorge Pinto», de inmediato me dije para mis adentros: Pinto no; pinta es lo que es este man.

Hablar con él siempre fue muy grato, siempre con ideas en la cabeza y con un entusiasmo sin igual. Para mí, se fue un amigo. Se fue una sonrisa. Gracias por ese último abrazo, querido Jorge. Va otro de retorno, donde quiera que estés.

(Pedro Antonio García Obando)

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