lunes 26 de octubre de 2020 - 12:00 AM

Reflexión en familia

Desde que tengo cédula, la única vez que mi voto ha ganado fue para el segundo gobierno de Santos, que fue en realidad votar por “el menos pior”; ambos del costal de Uribe
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Columna de
Puno Ardila

Una consejera espiritual recomendó mostrarnos en familia como somos, porque –aunque neguemos– ni entre familia nos conocemos. El ejercicio consiste en expresarse en tres temas: política, religión y fútbol. Debe respetarse lo que digan los demás, sin discusión alguna. Comparto mis respuestas, y los invito a hacer lo mismo con sus familias.

Política: como Alekos Panagulis, no tengo alineación. Discuto con quien se pueda para decidir mejor, pero debe haber tres elementos: conocimiento, argumento y sensatez.

Desde que tengo cédula, la única vez que mi voto ha ganado fue para el segundo gobierno de Santos, que fue en realidad votar por “el menos pior”; ambos del costal de Uribe. Así que –de lejos– no fui “santista”, porque ni el “santismo” existió ni –ya dije–me alineo. En realidad, voté por la paz. Considero que estamos entrando abiertamente a una dictadura uribista, ad portas de “salir del clóset” por completo y tomarse los pocos entes de poder que no están aún en sus manos.

Religión: ha sido una de las más poderosas armas de manipulación y explotación en la historia de la humanidad. Se fundamenta, al igual que la política, en los dos principios clave: la ignorancia y la necesidad. Hoy la política y la religión funcionan con estos dos principios, y se confunden: el pastor hace política y al político lo idolatran.

Soy librepensador, pero respeto profundamente las creencias ajenas (a las personas, no a las religiones). Procuro ayudar, de acuerdo con mis posibilidades. Respeto también (y cuido) la naturaleza, y mantengo el principio de que “mi libertad termina donde comienza la de mi vecino”.

Fútbol: es una pasión, como la política y la religión, utilizada para la manipulación de los pueblos (sí, con las mismas dos premisas). La gente sabe mucho de fútbol, y le conoce la vida a cada jugador; pero no sabe –por ejemplo– quién fue alguno de los Camilos Torres.

Puedo sentirme a gusto viendo jugar a nuestra querida selección; ojalá sin mi hermano Édgar, porque todo el tiempo grita “¡gol!”, y me despierta.

En cambio, procuro no perderme las competencias ciclísticas internacionales con escarabajos colombianos.

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