lunes 11 de enero de 2010 - 10:00 AM

Toga y birrete

Estas prendas, tan respetadas por el hecho de ser parte de la simbología de la justicia, y que en otros tiempos representaban la solemnidad de la academia y de quienes culminaban un proceso largo y extenuante de su formación como profesionales, han caído tan bajo en el cuento académico que están a punto de volverse parte obligatoria del ajuar de los estudiantes comunes y corrientes. Es tan cotidiano el uso de estas prendas en los colegios, que ahora la exigencia para los padres será: el uniforme de diario, el de educación física, el de gala y el de grados –toga y birrete–, o de 'prom', como dicen ahora por el esnobismo del sistema educativo colombiano.

¿Y todo por qué? Porque ahora los estudiantes se gradúan en casi todos los años. Cuando terminan el preescolar y salen de transición para comenzar el primer año de primaria ('primerito', dicen en los colegios) se gradúan los chinos, y ya asumen que no hay quién les pueda enseñar algo nuevo porque creen que lo saben todo; ya, según ellos, tienen el disco duro lleno y programado, así que no aceptan ni un consejo ni un reclamo. Luego, sin transiciones ni nada, de quinto –lógicamente– pasan a sexto, y no como antes que se pasaba a primero de bachillerato, pero como entran a la fase de educación media, ¡tenga!, otro grado. Después, y por obra y gracia de yo no sé quién o de qué institución, cuando terminan de cursar noveno año, sin saber leer aún, vuelven a graduarse, con ceremonia y toda la cosa. Y por fin, cuando terminan undécimo año ('once', según el lenguaje estudiantil), porque es lo mandado y se termina este cuento, ahí está el otro grado y viene el tal 'prom', que, sumado a las porristas y a todos esos íconos cinematográficos norteamericanos, dan cuenta del nivel de autenticidad de nuestra educación colombiana. Y en todas estas graduaciones –y como una novedad también, porque yo no recuerdo haber pasado por esas durante mi tiempo en el colegio– toca pagar dizque 'derechos de grado', como si se tratara de una universidad. Y ya allí, en la universidad, deben comenzar por el principio, porque con todo y sus cuatro diplomas prueban que son ignorantes de temas elementales, como matemáticas, español, geografía o historia, que se aprendían en el colegio cuando las profesoras regañaban y daban ejemplo; cuando ellas asumían el compromiso de enseñar y no de graduar; cuando se ocupaban del proceso de aprendizaje y no de las guirnaldas del 'prom'.  

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