lunes 12 de octubre de 2009 - 10:00 AM

Un mundo feliz

Ese enorme porcentaje de colombianos que apoya al Presidente no responde cuando se pregunta por el significado de 'seguridad democrática' o de 'confianza inversionista', o cuando se pregunta por qué ahora que 'se puede viajar por carretera' no se puede salir a la calle, y por qué la violencia rural se volvió urbana, o por qué cuando se habla de temas económicos –como el IVA y la gasolina– o laborales siempre pierde el pobre (el mismo pobre que defiende al Presidente). Tampoco hay respuestas cuando se pregunta por qué el Estado no lucha contra la violencia que genera la situación social de hambre en todo el territorio nacional, y sí en cambio manipula la información del Dane para que los medios cacareen que somos una nación boyante.

No sé qué opinan esos colombianos de la defensa que hace su presidente de los dos últimos ministros de Agricultura, a todas luces enemigos de la situación social del pueblo colombiano, que con soberbia han ostentado el descarado reparto de tierras y dinero entre familias ricas del país. Esos colombianos aceptan como hechos 'normales' que congresistas y funcionarios tengan nexos con situaciones y personajes relacionados con la delincuencia, o que los hijos del Presidente se valgan de las instituciones públicas para enriquecerse, o que las reformas a la Constitución Nacional estén apoyadas en hechos delictivos, o que su gobierno se apoye en malos pasos del DAS para lograr sus propósitos, o que se pierda la soberanía al ceder bases militares a unas tropas que jamás obedecerán órdenes en español. Frente a otros temas, hay respuestas y posiciones, firmes, pero incoherentes: por ejemplo, que haber votado por Carlos Gaviria significaba perder las propiedades; que si no se reelige a Uribe, el próximo gobierno será de Chávez; que si no es Uribe, ¿entonces quién?

El Presidente ni sus circunstancias aguantan un análisis fundamentado, pero el pueblo colombiano no quiere –y tal vez no puede– argumentar. Quizás el soma del que hablaba Aldous Huxley está representado en la televisión, en la farándula o en la música, o en todo junto, pero lo cierto es que, a pesar de esta terrible situación que vive la mayoría, esta misma mayoría siente que está viviendo en el paraíso. Como dijo un amigo: 'Es innegable la calidad de la vaselina y el poder del narcótico, porque los colombianos siguen felices mientras los están clavando'. El problema –para responder a mi amigo– es lo que vendrá cuando pase el efecto del narcótico; ojalá entonces –cuando menos– la vaselina todavía les funcione.

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