lunes 12 de abril de 2010 - 10:00 AM

Un sainete de la educación

Abundan los casos que ilustran el rumbo equivocado de nuestra educación, permisiva con la mediocridad y marcada por un interés mercachifle, como el de Luz Amalia Camacho, en vez de girar, como el de Estanislao Zuleta, alrededor de la verdadera formación interior de los seres humanos. Actualmente, hablando de colegios privados, por ejemplo, la calidad que imprimen a sus procesos es motivada por principios institucionales, mas no porque el Estado así lo exija, ni esté pendiente aunque sea de unos mínimos decentes.

El ‘Tuerto’ Figueroa, tan recordado por su inteligencia, por sus apuntes y porque de su boca salía una historia de cualquier calibre, seguramente se retorcería de vergüenza si tuviera que relatar un ejemplo como este que traemos hoy de lo incoherentes que son muchas de nuestras instituciones educativas, y de la poca vigilancia que se ejerce sobre ellas. Se trata de un colegio de Piedecuesta, una famiempresa que castiga a los estudiantes con labores físicas y prefiere la ley de Moisés a las leyes de Newton, y la camándula antes que la ciencia y la tecnología. Allí se enseña con el ejemplo, pero justamente al contrario de lo que mandan la ética y los principios morales: un profesor, el esposo de la rectora, quedó sin empleo por ponerle cuernos a su mujer con una estudiante. La rectora, hija de la coordinadora de disciplina, se separó de su esposo y decidió entonces sacar a la luz una relación que sostenía con uno de sus estudiantes anteriores, y al cabo de seis meses de resuelta la separación, le nació un hijo 'seismesino' de ese estudiante, aunque dicen que esa no es prueba absoluta de infidelidad. Por otro lado, el hermano de la rectora, docente de varias asignaturas, fuerte y severo con sus estudiantes, es completamente permisivo con uno de los cursos; ¿la razón?, que allí se encuentra su novia, una de las estudiantes.

Aunque es una historia real, no es más que un ejemplo con visos de chisme, pero ojalá el próximo gobierno se preocupe más por la educación y por la cultura, y no siga tratando de componernos a bala. Cuanto más dinero de los contribuyentes –el que no se comen los políticos– se gasta en guerras sin sentido, más se agobia a este país, y cada vez los resultados son peores. Son más importantes los libros, la capacitación y el acceso a la ciencia que los pajaritos de oro que pintan el Gobierno y los medios.

A ver si recuperamos esa gota de dignidad que aún nos queda.

 

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