lunes 21 de diciembre de 2020 - 12:00 AM

«Yo sí lo defiendo»

Pero si todos van a ser tan “agallentos” como Luis Carlos Sarmiento Angulo, ¡pues tampoco!; porque no creo que exista erario ni tesoro nacional que dé para tanto corsario
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Columna de
Puno Ardila

Así me respondió Gregorio Montebell cuando le pedí su opinión sobre la baja popularidad del presentador de televisión. «Él está ahí para hacer lo que le mandaron hacer –dijo el ilustre profesor–, y obediente sí que es. Tal vez no haga la tarea completa, porque no es hábil, pero es que hay mucho por hacer; y al pobre no le alcanza el tiempo para cumplirle al pie de la letra a todo.

»El muchacho es poco hábil, y –sí– en realidad no es muy inteligente; eso no puede negarse. Pero no me diga usted que la tarea no la lleva al hilo; claro, apoyado por un equipo importante, que le sopla, que lo conduce, que le indica, que le redacta, que le dice cómo posar... y así; pero él también pone de su parte. Vea que, por ejemplo, sus respuestas a las preguntas de periodistas tienen toda la seguridad; pueda que no diga nada cuando habla, pero el chino es muy seguro.

Yo recuerdo que, en campaña, les daban un tiempo preciso para responder a preguntas complejas, y él soltaba un chorro de palabras, que ni el mejor orador, y terminaba exactamente en el tiempo límite, sin una muletilla.

Cualquiera diría, entonces, que tenía aprendida de memoria la recitación para cualquiera de las preguntas; y, si así fuera, eso quiere decir que ha estado haciendo la tarea.

»Claro, algunos de sus compañeros de equipo (o de banda; yo qué sé) están inconformes con él, porque no han podido sacarle más provecho a la situación. Pero si todos van a ser tan “agallentos” como Luis Carlos Sarmiento Angulo, ¡pues tampoco!; porque no creo que exista erario ni tesoro nacional que dé para tanto corsario.

Eso sí, de continuar todos estos ahí, le garantizo que no van a desocupar la mediagua sino cuando le hayan esquilmado a la hacienda el último recurso de la última gota de sangre: cuando hayan vaciado las arcas, y sus fuentes estén secas por completo, entonces sí se irán.

Pero el pobre chino no es tan culpable como los otros; él ni sabe qué está pasando».

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