jueves 19 de mayo de 2022 - 12:00 AM

Al Fiscal Pecci

No sé, hijo mío, si celebrar o llorar la noticia que me das, de haberte honrado su Majestad con la toga de juez. Te contemplo en una esclavitud. Ya no eres mío, ni tuyo, sino de todo el público

El asesinato del fiscal de Paraguayo Marcelo Pecci a manos de sicarios en una playa de Barú, cuando se encontraba en compañía de su esposa, muestra como el crimen organizado no tiene fronteras y está muy enterado de quienes son los funcionarios que persiguen sus actividades delincuenciales. Mafiosos narcotraficantes acabaron con su exitosa carrera como ha ocurrido en Colombia con muchos de nuestros jueces y magistrados que han sido inmolados por administrar justicia. A la memoria del fiscal Pecci traigo a colación un escrito de un fraile benedictino español, Benito Jerónimo Feijoo en uno de sus apartes nos presenta la carta de un veterano magistrado a su hijo recién designado juez en la España del siglo XVIII.

“No sé, hijo mío, si celebrar o llorar la noticia que me das, de haberte honrado su Majestad con la toga de juez. Te contemplo en una esclavitud. Ya no eres mío, ni tuyo, sino de todo el público. Las obligaciones de este cargo no solo te emancipan de tu padre también debes desprenderte de ti mismo (...)Tu bien propio, lo has de considerar como ajeno y solo el público como propio: Ya no habrá para ti paisanos, amigos y parientes, ya no tendrás patria, ni carne, ni sangre (...) Si estás muy enamorado de la hermosura del oro, si te conoces muy sensible a los ruegos de parientes y amigos, no puedes, en mi sentir, entrar con buena consciencia a la judicatura (...)Tus pasiones, que has de tenerlas sino de hombre no fuera, deberás dejarlas en los estrados del Tribunal, pues has de juzgar sin afectos y sin odios (...) Podrás equivocarte, por ser el error el servidor de lo humano más en este punto, siempre deberás recordar dos cosas: que lo malo no es equivocarse, sino persistir en el error y que dos errores jamás hacen una verdad (...) También en el camino de quien hace justicia hay días y noches, horas de intensa satisfacción y de profunda amargura y ambas son parte de una misma realidad. Claro que para entender la noche, hace falta tener agudeza del alma porque es durante la noche cuando resulta más hermoso creer en la luz (...)”

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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