jueves 29 de agosto de 2019 - 12:00 AM

Amazonía: el alma se desgarra

en sus escasos ocho meses de gobierno, la devastación y deforestación en los territorios amazónicos ha alcanzado las cotas más altas a las de cualquier otro mandatario
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Debo confesar que no soporté observar en detalle la tragedia ecológica que aún continúa arrasando la Amazonía continental, reproducida a diario por todos los medios. Mi crianza, formación personal y convicciones, donde se priorizan postulados en defensa del hombre y su entorno, apuntan en dirección opuesta a quienes por unos multimillonarios ingresos, asuelan sin contemplaciones lo más preciado que nos ha entregado el mundo para nuestro sostenimiento y sano disfrute: la naturaleza. Acá no hay concesiones posibles para nadie. El desarrollo sostenible es una política pública y transnacional que puede ejercerse y ponerse en práctica, sin destruir lo que nosotros no hemos hecho: los bosques, selvas, ríos, quebradas, mares, etc.

La Amazonía no solamente sirve de resguardo a más de quinientas tribus indígenas, seres humanos que merecen especial respeto y protección por sus tradiciones y costumbres, sino que allí se encuentran tesoros milenarios protegidos por ellos, fuentes de investigación y sabiduría que contribuyen a remediar los males del planeta, además de fauna y flora invaluables. Cada país tiene el gobierno que se merece. Al Brasil le correspondió en desgracia el de Jair Bolsonaro, un populista de ultraderecha, belicoso y arrogante, quien desde su campaña anunció que poco o nada le importaba la protección del medio ambiente, y así lo ha demostrado: en sus escasos ocho meses de gobierno, la devastación y deforestación en los territorios amazónicos ha alcanzado las cotas más altas a las de cualquier otro mandatario. Es la decadencia total, y los dioses se van de donde no los quieren...

Los llamados “días de fogo”, promovidos para quemar miles y miles de hectáreas en los estados aledaños a la Amazonía, buscan favorecer la ganadería extensiva, la minería y el saqueo de maderas finas en vía de extinción, con la complicidad de los gobernantes de esas regiones y el beneplácito de Bolsonaro, a quien el presidente francés Emmanuel Macron con razón lo tildó de mentiroso, al no cumplir los acuerdos ambientales sobre protección de ese maravilloso paraíso terrenal. Será que como decía Voltaire, “¿el destino del hombre es vivir en las angustias o en el paroxismo del fastidio?”.

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