jueves 11 de febrero de 2010 - 10:00 AM

Apaciguamiento

Apaciguar según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española significa poner en paz, sosegar, etc. El verbo es de recibo en estos momentos pues la iglesia y grupos de civiles de la ciudad de Medellín buscan atemperar los ánimos, disminuir el nivel de agresividad y reducir en lo posible el abultado nivel de homicidios que a diario se cometen en la capital antioqueña por grupos criminales o bandas de sicarios que la tienen asolada y que ha generado preocupación y estupor,

pues al parecer ese fenómeno está desbordando a las mismas autoridades. Para infortunio de estos hermanos vecinos de departamento, aún quedan rezagos evidentes de la época en que el narcotráfico y los grandes capos imponían su ley en ese territorio, logrando extenderla a buena parte de la nación, con ramificaciones que aún desgraciadamente se mantienen vigentes. Esa tarea loable que contó con el visto bueno del gobierno central, se constituye en un paso importante para lograr que los jefes y sus cuadrillas miren esa posibilidad que les brinda la comunidad y así bajar las armas, descargar el odio entre ellos, odio que viene de antaño pero que no les ha dejado sino muerte y desolación. El odio es un ingrediente de la condición humana, generador de múltiples tragedias y que nos lleva a considerar que el problema del odio, es del que odia.

El Presidente ha manifestado que de lo que se trata no es de acuerdos con delincuentes, pues esos individuos deben someterse a la justicia ordinaria y a las leyes, pero tampoco descalifica tales acercamientos. En ese caso como en muchos otros que vive la Nación, hay que ser un poco pragmáticos pues nada se pierde con explorar alternativas diferentes a la mera represión. Muchos de ellos han caído a esos niveles de degradación porque el Estado y sus instituciones no estuvieron prestas o atentas a rescatarlos del abandono, la miseria, la ausencia de educación, etc. No se les brindaron oportunidades que hubieran hecho de estos individuos personas de bien. En otras palabras, el delincuente no nace sino que se hace dentro de una sociedad que se ha acostumbrado a mirar con indiferencia a los más desprotegidos. El sabio hispano latino Séneca, en sus Epístolas reflexiona sobre estos dramas humanos y expresa: 'importa distinguir entre el que no quiere pecar y el que no sabe'.

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