jueves 10 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

Buenos días, tristeza

Las respuestas de las autoridades gubernamentales es cambiar de nombre las masacres por “homicidios colectivos”, lo cual resulta patético y vergonzoso.
Escuchar este artículo

Al morir el emperador romano Septimio Severo en el 211 D.C., le sucedieron en el poder sus hijos Caracalla y Geta. El primero de los nombrados antes de cumplir el año se cansó de compartir el Imperio con su hermano y ordenó le asesinaran. Exigió entonces a Papiniano, célebre jurisconsulto en Roma- cuyas obras fueron utilizadas en las compilaciones de Justiniano- que elaborara un discurso justificando ese horrendo fratricidio. A tal sugerencia, este le respondió: “Es más fácil cometer un crimen que excusarlo, y es otro crimen tratar de deshonrar a un inocente después de haberle quitado la vida”. La consecuencia a este desaire al emperador, fue la inmediata ejecución de Papiniano. Seis años más tarde, Caracalla cayó bajó el puñal asesino de Macrino quien lo sucedió en las riendas del poder.

Pues bien, la referencia histórica traída a colación enseña que tratándose de crímenes y violencia, es muy difícil para quienes dirigen o gobiernan cualquier comunidad, buscar excusas o dar explicaciones amañadas cuando reiterados hechos de sangre no admiten ninguna justificación. Como reza la locución latina, Nihil médium est: “no hay término medio”. Datos serios, constatados y suministrados por la Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidades en Colombia dan cuenta que para agosto de 2020 habían ocurrido en el país 33 masacres, acrecidas por las de estas primeras semanas de septiembre que siguen azotando con insania y saña a departamentos como Antioquia, Nariño, Cauca, Norte de Santander, etc., es decir aquellos donde el narcotráfico, la minería ilegal, el tráfico ilegal de maderas finas, entre otros, son el estimulante malévolo para el incremento de la delincuencia organizada y el surgimiento evidente de un nuevo paramilitarismo.

Cualquier ciudadano mira con preocupación e incertidumbre la circunstancia de que la violencia se haya disparado de una manera tan descarada. Las respuestas de las autoridades gubernamentales es cambiar de nombre las masacres por “homicidios colectivos”, lo cual resulta patético y vergonzoso. Revelador de la falta de compromiso con los acuerdos de paz que no han logrado consolidarse en sus aspectos básicos. Más bien desajustarse en todos sus ámbitos. Es nuestra triste realidad.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad