jueves 16 de septiembre de 2021 - 12:00 AM

Cadena Perpetua (1)

La dignidad se pierde desde que alguien es capaz de cometer un crimen de esta naturaleza, porque destruye la dignidad del menor para siempre. Es decir, a perpetuidad.
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Hago parte de las personas que no estuvieron de acuerdo con la declaratoria de inexequibilidad de la ley 2098 de 2021 que reglamentó la prisión perpetua para violadores y asesinos de niños, niñas y adolescentes. Al ser entrevistada por la revista Semana la magistrada ponente Cristina Pardo expresó que el argumento central para declarar esa inconstitucionalidad tuvo como eje central lo atinente a la dignidad humana y que la cadena perpetua la desconoce. También impide que una persona se resocialice y pueda reintegrarse a la sociedad. Estos argumentos más los de considerarla como populismo punitivo y no existir pruebas de que esta proteja a los niños, fueron algunos argumentos para sustentar el fallo referido.

Sin embargo considero que si se habla de dignidad de las personas, en qué queda la de los menores que después de cometido el atroz delito del abuso o muerte de ellos, como a diario ocurre en este país, por lo general quedan en la impunidad porque esos sádicos saben que es muy difícil que los encausen. La dignidad se pierde desde que alguien es capaz de cometer un crimen de esta naturaleza, porque destruye la dignidad del menor para siempre. Es decir, a perpetuidad. Ahora bien si la pena de cadena perpetua era revisable después de 25 años, la ley está otorgando un periodo que favorecía al condenado valorando su comportamiento y demás factores para atemperar el castigo. De otra parte, hace un tiempo un recluso pronunció esta frase cuando salió de prisión: “... uno entra debiéndole algo a la sociedad, pero cuando se sale de la cárcel es la sociedad la que le debe a uno” ¿Por qué hizo tal afirmación? Porque como uno de los miles presidiarios que tiene el país, allí se identifica el drama de una sociedad incapaz de resocializar a sus delincuentes.

El problema ha superado de tal manera al Estado que esos sitios, no son escuelas de formación sino centros del crimen, o antros de hacinamiento que atentan contra los más elementales derechos humanos.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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