jueves 16 de junio de 2022 - 12:00 AM

Contienda Electoral

Sermonear es más fácil que discutir, porque lo primero es solo dogmatizar. El mundo de la política es un mundo distinto a todos los demás. En la aritmética política, dos y dos jamás son cuatro

A propósito de la contienda electoral por la Presidencia que en estos momentos se encuentra en pleno furor vale la pena reflexionar sobre una serie de verdades. Maquiavelo sostenía que la astucia y la duplicidad son las que abren las puertas del éxito en el ejercicio del poder. Esto nos permite analizar sobre la manera como se conforma la acción política. En este campo, la mentira y la verdad, lo falso y lo cierto, son dos vertientes de una verdad única: estamos ubicados en un escenario del cual se nutren los tejemanejes politicos y el cual ha sido parte integral del arte de gobernar. El hombre político no puede renunciar a ese universo de apariencias porque así se estructura la política. Es en su destreza al utilizarlas en la cual radica su prosperidad. Si a las multitudes la verdad le interesara realmente o si estuvieran en condiciones de descubrirla, ninguna política sería operante.

Es precisamente esta indiferencia, esta ignorancia, esta apatía, la base sobre la cual se apoya cualquier régimen. En política no hace falta decir “jamás”. Por ello, inflamar la imaginación de las masas hace parte de la conducción de las mismas. De allí que el viejo adagio “al pueblo pan y circo”no puede perder nunca su vigencia. Las masas, igual que ayer, siguen participando en todos estos espectaculos llenando plazas, estadios, directorios, pero sin reparar que los discursos sin contradictor son meros sermones. Sermonear es más fácil que discutir, porque lo primero es solo dogmatizar. El mundo de la política es un mundo distinto a todos los demás. En la aritmética política, dos y dos jamás son cuatro. El príncipe de Tallaeyrand que era un maestro en este arte, pues sirvió y traicionó a todos los régimenes, anotaba que en política hay que desconfiar del primer movimiento. El primer movimiento es siempre generoso.

Como Ministro del Directorio, el Consulado, el Imperio y la Restauración, mostró que la política era una pasión, un vicio, la vida entera. Lo mismo que el juego para los jugadores pura sangre. Demostró además que los sentimentales y los místicos no sirven para el ejercicio del poder, pues en política lo que no es posible, es falso.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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