jueves 22 de agosto de 2019 - 12:00 AM

Contienda electoral

Todo lo que es vulgar y de baja procedencia, le hace mella a quien lo patrocina. En épocas pretéritas, algunos patanes tuvieron éxitos efímeros. Hoy están olvidados.
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A propósito de los procesos eleccionarios, cuando más se acercan las fechas fatales de los resultados, es típico comprobar cómo para descalificar al opositor las controversias son más agrias, y aupadas por sus seguidores. Algunos dirán que son propias del juego electoral y que cualquier argumento que se esgrima en procura de conquistar el poder, es válido. Sin embargo, no deja de sorprender que a veces los candidatos se pasen de la raya con señalamientos injustos y abusivos de tipo personal o profesional, a todas luces reprochables.

En nuestro Estado de Derecho está dispuesto legalmente que cuando se hacen acusaciones de cierto calibre que comprometen la dignidad o la moral de las personas, tales conductas derivan en investigaciones ante las autoridades, para impedir que en forma olímpica y sin sustentos probatorios se siembren dudas sobre las personas. Esta actitud que puede tornar “caliente” dicha actividad, ha creado entre nosotros un mal precedente por no ser un buen ejemplo para los ciudadanos que enterados después de la verdad de las cosas, por lo general son drásticos con los oportunistas, retirándoles su apoyo.

El estadista inglés sir Winston Churchill en su sabiduría política afirmaba lo siguiente: “...no hay nada más estimulante que a uno le disparen sin lograr darle...”. El que insulta, algo esconde o camufla. Le falta formación para defender sus ideas, y le sobran debilidades que trata así de disimular. Se ha pretendido hacer creer que los improperios son de recibo cuando se trata de arribar a cargos de importancia, y que quienes los utilizan se robustecen con ellos. En la actualidad creo que estas circunstancias están revaluadas porque el ciudadano ha madurado políticamente, y le interesan mucho más las iniciativas serias, los proyectos sustentados, las propuestas realizables, etc., que tiene cada aspirante, a los agravios.

Todo lo que es vulgar y de baja procedencia, le hace mella a quien lo patrocina. En épocas pretéritas, algunos patanes tuvieron éxitos efímeros. Hoy están olvidados, derrotados o residen en la cárcel. El político serio no le cree solamente al que lo adula, está seguro de su capacidad de controversia y de la fortaleza de sus tesis.

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