jueves 29 de enero de 2009 - 10:00 AM

De la comunicación

Desde que el hombre se ingenió la forma de transmitir sus ideas a los demás, se ha cuestionado o debatido cuál es la mejor fórmula para que los medios para ello sean imparciales, objetivos y transparentes.

En esta época quienes se ocupan del tema, los critican porque supuestamente recogen la información sólo de grupos específicos y así emiten el mensaje. Al operar de tal manera, no cumplen con su función de intercomunicadores entre los diferentes agentes sociales. Además, si se analiza su propiedad, de suyo excluyente, se constata el poco grado de acceso que tienen los diversos actores sociales y las oportunidades informativas con que cuenta la sociedad.

Los medios de comunicación tienen un rol vital en la formación de la conciencia de las personas, hacen parte del proceso educativo, son mediadores sociales. Si olvidan ese compromiso y sólo consultan los intereses de sus dueños o de los detentadores del poder, se desfiguran, convirtiéndose en meros instrumentos de dominación. Por ello, la comunidad debe recibir la información con beneficio de inventario, o como advertía el célebre 'Cofrade' Alfonso Palacio Rudas, no hay que tragar entero.

La prensa cuando se ocupa de temas rutinarios y tan delicados como la violencia, puede ser un cristal de aumento que se sale de su control. En este país donde a diario vivimos hechos escabrosos y confrontaciones permanentes, la posición que asuman los medios puede ser conciliadora o estimular y premiar el uso de la fuerza para resolverlos. Es tal su influencia, que una sociedad mal informada o predispuesta se acostumbra a ser intransigente, sectaria e intolerante. Por el contrario, si lo que prima por parte de los investigadores periodísticos es el análisis, la contextualización y el balance de la información, el imaginario colectivo asumirá que lo diferente o disidente, se conoce, es válido y cuenta para todos.

Si el periodismo no busca la verdad, corre el riesgo de actuar por conveniencias políticas o económicas para los poderes en el turno de mando y control, lo cual apunta a que los medios estarían destinados para proteger el poder y no la sociedad, lo cual es catastrófico y dice mal de lo que todos los ciudadanos aspiramos de una prensa sin amarres, libre, espontánea y pudorosamente dirigida.

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