jueves 04 de junio de 2009 - 10:00 AM

Del ocio

Cambiemos de tercio, como dicen los taurófilos y en esta oportunidad reflexionemos sobre algo que pudiera parecer no trascendental, pero que tiene mucho de eso si lo asimilamos con aquellos momentos, ojalá extensos, en que nos dejamos llevar por lo plácido de la vida y todo lo que tiene de grato, que se torna esquivo si la rutina diaria se limita a repetir el mismo esquema en forma cotidiana, esquema que toma la existencia de cualquiera en algo aburridor y con poco sentido.

Aunque suene paradójico, el hacer nada es el disfrutar no hacer nada: il dolce far niente. Esta expresión italiana de uso universal han querido acomodársela como característica al pueblo de esa bella nación. Sin embargo, no se repara en que el mensaje de ella es un acierto, pues expresa la dulzura de la ociosidad, sin olvidar sus detractores que quienes mejor pueden sentir esa dulzura son las que más trabajan.

La historia ha señalado que las grandes decisiones que han transformado el mundo, las han elaborado los mejores pensadores de cada época. Recordemos los filósofos griegos, Sócrates, Platón, Aristóteles, el romano Cicerón o el hispano-latino Séneca, por citar sólo algunos. Siempre se refirieron con respeto y particular consideración al ocio. Diógenes Laercio comentaba que Sócrates ensalzaba el ocio como la más bella de las riquezas. En la Ética a Nicómano, x, 7, Aristóteles advierte: '...la felicidad está en el ocio...'.  Hay una expresión de Cicerón en alabanza a las letras, que procuran al hombre de Estado, retirado de los asuntos públicos, un noble empleo de su descanso: Otium cum dignitate. Séneca en una de sus epístolas recuerda que '.. .el ocio sin los estudios es muerte y sepultura de hombre vivo...'.

Un filósofo contemporáneo chino, Lin Yutang, escribió una gran obra llamada El Arte de Vivir y en ella se refiere al ocio con especial generosidad. Es más, hace un elogio del mismo en los siguientes términos: 'La cultura del espíritu, tal como la entiendo, es, en su esencia, fruto del ocio, por esta razón, el arte de la vida civilizada consiste fundamentalmente en una cultura del ocio. De acuerdo con el concepto chino, el más cultivado es aquél que sabe pasar los ratos de ocio de la manera más inteligente y reflexiva...'.

Como bien lo dice Yutang, el ocio no es una posición inactiva ante la vida, es constructiva y por ende no tiene nada qué ver con las actitudes de algunos individuos que no hacen nada en la vida, no aportan nada a la sociedad y que por el contrario son unos simples zánganos, no cultores del ocio.

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