jueves 16 de abril de 2009 - 10:00 AM

Del servidor público

La Constitución Política define en el artículo 123 quiénes son servidores públicos, e indica que están al servicio del Estado y de la comunidad, ejerciendo sus funciones en la forma prevista en la Constitución, la ley y el reglamento.

Pero el ejercicio de la función pública implica algo más que eso: es una labor de consagración, honrosa, gratificante; es el ejercicio de la inteligencia en defensa de las instituciones, la democracia y el Estado de derecho. Ser funcionario público es una vocación noble al servicio de una causa justa que todos debemos defender. Quienes no asumen esta conducta y convierten su trabajo en un negocio, en una situación transitoria para ascender sin jubilarse, no pueden certificarse como servidores del Estado.

Pero para llevar a cabo esta labor con eficiencia, el Estado está en la obligación de procurarle al servidor los medios para su buen desempeño y estimularlo en su labor diaria. Es lo que se conoce como los factores de motivación y contribuyen a mejores logros en la actividad pública. Están identificadas las causas de insatisfacción entre los empleados, pudiendo destacarse las siguientes: la ausencia de una política definida de trabajo en una entidad; las condiciones inadecuadas para realizar la labor; la indiferencia de los jefes en el manejo de las relaciones interpersonales; la irregular supervisión de las labores;  la inequidad en las remuneraciones; la inestabilidad laboral y las pocas posibilidades de ascenso que se les ofrecen.

Las circunstancias que producen real satisfacción y que motivan a un mejor comportamiento, además de superar las que llamamos insatisfactorias incluyen los logros, es decir, la posibilidad que tiene el empleado de terminar un trabajo y ser reconocido por ello. Una capacitación oportuna, darle trascendencia a la responsabilidad que a cada cual le incumbe, destacando la importancia de su cargo sin interesar que sea el más bajo del escalafón.  El trato humano cordial y deferente que debe provenir de los superiores hacia sus subalternos y el continuo apoyo que la empresa le brinde a sus colaboradores. Si el Estado quiere productividad y rendimiento, debe tratar a los servidores públicos como sus socios, como os activos más importantes de la nación y no reconocerlos como simples colaboradores en el desarrollo de la función pública. 

 

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