jueves 20 de noviembre de 2008 - 10:00 AM

Del trabajo

Alguien decía que Dios no condenó al hombre a trabajar; lo condenó a vivir y le concedió el trabajo como atenuante. Por lo tanto resulta importante tener una ocupación u oficio y a partir de allí, construir un proyecto de vida sin afanes, sin apresuramiento, sin ofuscarse por lograrlo todo de manera inmediata, y sin exigir que el éxito llegue tan pronto como se quiere.

Esta cultura es la que nos legaron nuestros antepasados, quienes atendieron esos postulados y construyeron sobre ellos su mejor herencia. Sin embargo, hoy tal patrimonio se ha echado al olvido por mucha gente que pretende obtener todo sin esfuerzo.

Consecuencia de ello es la aparición de una contracultura: la del éxito temprano y el dinero fácil. ¿A qué se apela para lograrla?  A todo. A la especulación, a la trampa, a mezclar lo lícito con lo ilícito, a buscar todos los atajos posibles que en últimas derivan en el delito. Estamos atravesando por ese doloroso periodo.

Todo lo que sea fácil, buscarlo a cualquier costo, así se tenga que arrasar lo que nos rodea: familia, amigos, valores, etc. La palabra laboremus, trabajemos, ha dejado de estimarse como un bien supremo y ha sido reemplazado por lo fútil y frívolo. Hay que sospechar de los éxitos tempranos y rutilantes, sin desconocer que existen personas con una gran capacidad para destacarse rápidamente, haciendo gala de especiales facultades para incursionar en ciertas actividades como la industria, la economía, el comercio, la política etc. Son la excepción. No nos engañemos. Los triunfos perdurables que trascienden en la sociedad siempre serán fruto del trabajo y esfuerzo honestos. Son los que merecen reconocimiento de la sociedad y serán ejemplo para las generaciones futuras.

La situación actual es producto de admirar una cultura que tiene como antecedente vergonzoso, el narcotráfico que todo lo ha corrompido y ha producido en el país las tragedias más tristes y dolorosas. Pero además, el tener como paradigmas modelos de progreso perversos que han ocasionado la reciente debacle económica que ha permeado a todo el mundo y que en Colombia ya toca a nuestras puertas. La tolerancia e indiferencia de los Estados Unidos a una nueva forma de éxito patrocinada por ejecutivos y banqueros sin pudor, los ha hecho víctimas de su propio invento. Ya tarde se están inventando los remedios. Como decía Edgar Allan Poe: '...la corrupción del gusto forma parte de la Industria de los dólares y hace juego con ella...'

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