jueves 16 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Deporte y trampa

Esta racha de irregularidades que hace sonrojar a la comunidad lo que demuestra es que los malos hábitos y la corrupción han afectado hasta los valores más sagrados del país

Hace un par de días el noticiero CM& en su emisión nocturna, dio a conocer la noticia de que el ciclista colombiano Juan Sebastián Molano había sido apartado de su equipo el UAE Emirates por unos resultados “aparentemente inusuales” detectados en un control interno. Decidí enterarme más en detalle del tema acudiendo a internet, donde diferentes páginas dan cuenta de esta conducta cuya calificación definitiva no ha sido informada por su escuadra, acudiendo a la prudencia que se maneja para “proteger el derecho de la privacidad de Molano...”.

En principio quien sufre las consecuencias es uno de nuestros grandes créditos deportivos, Fernando Gaviria, ganador de la tercera etapa del Giro de Italia, quien se queda sin su lanzador.

La noticia televisiva abundó en el asunto y refirió cómo a la fecha hay por lo menos 15 corredores nacionales que tienen serios problemas con el dopaje, algunos ya suspendidos o sancionados. Es un lamentable y vergonzoso precedente, pues esta actividad se ha constituido en una bandera insignia que le ha brindado a Colombia desde hace muchos años satisfacciones y alegrías, permitiendo a nuevas generaciones ser tenidas en cuenta en el ámbito internacional. La última denuncia que se conocía por actitudes anti-deportivas fue la de Jarlinson Pantano, cuando se supo que la Unión Ciclística Internacional (UCI) lo había acusado al dar positivo por EPO, y hasta ahí llegó, pues su equipo lo apartó. Y como él, otros más cuyos nombres ya son de conocimiento público.

Esta racha de irregularidades que hace sonrojar a la comunidad lo que demuestra es que los malos hábitos y la corrupción han afectado hasta los valores y símbolos más sagrados del país. De contera han arrastrado a ese foso oscuro e indeseable a jóvenes promesas que han frustrado con su malsano comportamiento un futuro promisorio, presuntamente asistidos de perversos asesores para quienes cualquier medio es válido para obtener un fin, donde el protagonismo y el dinero son lo primero.

Siempre he creído que quien es tramposo en el juego, puede serlo en cualquiera de sus actividades. Por lo tanto, cero tolerancia con la trampa.

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