jueves 28 de abril de 2022 - 12:00 AM

Educación e idioma

Es lamentable encontrarse con estudiantes culminando su carrera, o aún con profesionales en ejercicio, que no han empezado a escribir o hablar correctamente

En este mes del idioma y teniendo como telón de fondo a la Feria Internacional del Libro de Bogotá valen la pena unas sencillas reflexiones sobre estos temas. Toda sociedad que pretenda mostrarse como organización seria, respetable y digna de ejemplo, debe educar a sus miembros. La educación es una de las grandes estrategias para el desarrollo de los pueblos en el mundo de hoy. Su ámbito es amplio y complejo. Su comienzo es enseñar a manejar el idioma, el mejor invento de comunicación que existe sobre la tierra. Las instituciones educativas de niveles medio y superior deben incluir en sus programas esta cátedra, no tímidamente, sino como una de las principales. Es lamentable encontrarse con estudiantes culminando su carrera, o aún con profesionales en ejercicio, que no han empezado a escribir o hablar correctamente.

Debemos reflexionar sobre el universo que nuestra lengua constituye. Fue el sueño de Nebrija y es patrimonio de una comunidad hispano – hablante conformada por muchos países. “Una lengua común nos separa”, predicaba con sarcasmo Bernard Shaw respecto de Inglaterra y Estados Unidos. Entre nosotros debe ser al revés: una lengua común nos une y deberá unirnos siempre. Así como hay política para todo, debería existir una política del idioma, pero en este caso será diferente porque esa política no necesita de Estado fuerte o débil, de dictadura o democracia, sino de inteligentes conductores educativos que desde muy temprano nos enseñen a querer nuestra lengua. El entonces Rey Juan Carlos I de España señalaba en la instalación del IV Congreso Iberoamericano de Educación que “las tierras y las leyes son diferentes pero la lengua es una patria común”.

Don Miguel de Unamuno advertía que más había ganado para España el verbo castellano por la pluma de Cervantes en su Quijote, hijo de palabra, que lo que ganó Don Juan de Austria con su espada en la Batalla de Lepanto. La agonía de Cervantes, en abril de 1616, era verdadera lucha idiomática, lucha expresiva. El fue y será, toda la naturaleza del idioma: “Ayer me dieron la extremaución, el tiempo es breve, las esperanzas menguan”.

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