jueves 08 de abril de 2021 - 12:00 AM

Educación e Idioma (III)

De un extremo a otro, atravesando la temporalidad humana, la palabra hace realidad, hace mundo. No solo informa, también ordena, establece fronteras entre lo pensable e impensable
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El mes de abril es una época dedicada a homenajear el idioma castellano, por ello haremos estas últimas reflexiones sobre este tema en los siguientes términos. Con la Conquista, en el instante en el que el primer español puso sus pies en América, todo fue diferente. Ni la palabra amor significó el mismo amor, ni tampoco las palabras tempestad, ni recuerdo ni soledad, ni tristeza, ni nada. Y así escritores separados por inmensidades de selvas y pampas realizaron el milagro de escribir en una lengua que esencialmente es la misma de sus antepasados españoles. En los más antiguos relatos míticos, los dioses crean el mundo diciéndolo. El Universo emerge como un hecho de palabra. El lenguaje no solo sirve para expresar pensamientos, sino para hacer posibles pensamientos que sin él no podrían existir, Bertrand Russell.

Por todo esto, la gesta del idioma es un romance de cada día, una aventura poética pensada, sentida e intuida por todos. De un extremo a otro, atravesando la temporalidad humana, la palabra hace realidad, hace mundo. No solo informa, también ordena, establece fronteras entre lo pensable e impensable, entre lo normal y lo anormal, entre el saber y la ignorancia. Y en este juego inacabable de límites y espacios, la palabra deja continuamente un residuo que envuelve su presencia: Poder. Poder social, económico, científico, político, religioso..., poder de tomar u ocultar las cosas y así establecer el decorado mundano de los hombres, su significado vital. Quizás sospechando esa presencia inevitable de la palabra, ese poder realizante del lenguaje, Hesíodo pone en boca de las musas –última instancia de credibilidad antigua- esta frase: “Sabemos contar mentiras semejantes a la realidad, pero también sabemos, cuando queremos, contar verdades”.

Unamuno advertía que más había ganado para España el verbo castellano por la pluma de Cervantes en su Quijote, hijo de palabra, que lo que ganó Don Juan de Austria con su espada en la batalla de Lepanto. La agonía de Cervantes en abril de 1616, era una verdadera lucha del idioma, lucha expresiva: “ayer me dieron la extremaunción, el tiempo es breve, las esperanzas menguan”.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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