jueves 09 de septiembre de 2021 - 12:00 AM

Educación y Cultura

Los colombianos en significativa proporción son incultos e indisciplinados en nuestro país, pero en el exterior la mayoría son modelo de comportamiento. Entonces atendiendo el pensamiento anterior ¿qué será lo que nos hace falta?
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Se considera como tal el estado de adelanto, civilización, progreso intelectual o material de un pueblo o Nación. Este argumento nos sirve como prólogo para afirmar que cualquier ciudadano que tengan la oportunidad de visitar los Estados Unidos, u otras naciones en el mundo como las de Europa, comprobará fácilmente una de las diferencias más notorias entre nuestra sociedad y esos países. Se trata de naciones que se han preocupado desde hace mucho tiempo por educar a sus comunidades; darles unas pautas de conductas para el diario vivir y unas orientaciones básicas de convivencia. No es solamente el grado de preparación académica que pueda tener cada ciudadano, es el comportamiento y el trato común y corriente que uno puede observar en cualquier lugar en el que se encuentre: en la calle, en el teatro, en las oficinas, o en el bar. Se trata de personas disciplinadas y responsables que acatan las normas de conducta que gobiernan la sociedad.

El presidente mexicano Benito Juárez afirmaba en una ocasión lo siguiente: “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Es ni más ni menos el reconocimiento de los derechos de los demás, y el saber hasta dónde van los de uno. Los colombianos en significativa proporción son incultos e indisciplinados en nuestro país, pero en el exterior la mayoría son modelo de comportamiento. Entonces atendiendo el pensamiento anterior ¿qué será lo que nos hace falta? Con certeza más educación, y que los gobiernos entiendan y acepten que cuando se apoya este valor fundamental se está invirtiendo en la persona. El logro a mediano plazo es contrarrestar la violencia y restringir el delito.

Los programas educativos y culturales deben ser adoptados como políticas de Estado, no como simples banderas electorales de los gobiernos. Por ende deben ser respetados por los que ejercen el poder y hacerlos extensivos a todos los ciudadanos. Estoy seguro que si a este propósito se le hubiera dado prioridad, el país no hubiera tenido que observar con vergüenza el desfile de muchos dirigentes hacia la cárcel por corruptos, y los que aún faltan por procesar.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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