jueves 18 de julio de 2019 - 12:00 AM

El caos...

nos seguimos envenenando con las altas emisiones de dióxido de carbono, reflejo de una ausencia de políticas públicas, ineptitud gubernamental y selección de personas idóneas

No puede existir otra palabra más apropiada que esta, para identificar el desastre monumental en que se ha convertido la movilidad en esta ciudad y el área metropolitana. Este diario en sus últimas ediciones hace eco de las manifestaciones de inconformidad de la ciudadanía, y las declaraciones serias de expertos en el tema que no sólo alertan sobre el desorden incontrolable del parque automotor que agobia todas las vías y zonas urbanas de la comunidad, sino el alto costo que representa para la salud la exagerada contaminación del ambiente. Desconocemos que exista alguna propuesta viable a corto o mediano paso como alternativa a lo señalado, brillando por su ausencia la planeación y el ejercicio de la autoridad.

Las áreas de circulación son insuficientes y no se han construido las que colaboren a desatar el atasco diario; el proyecto de las ciclorrutas siendo positivo, se adelanta de forma improvisada e irregular. Los fines de semana al salir por la autopista para librarnos del caos anotado nos enfrentamos con obras inconclusas o simples accidentes que producen trancones de hasta hora y media o más, como el del pasado viernes 12 de julio, vía a Piedecuesta, sin que asome un agente de tránsito o alguien que se le parezca. Los vehículos pesados siguen transitando sin restricción en las horas mencionadas o “puentes festivos”, y a ningún ente público le importa que contribuyan a agravar el problema.

Vanguardia reportó este martes que entre enero y junio de 2019 se matricularon 4.053 automotores nuevos, estadística que es motivo de preocupación más que de satisfacción, ya que ello significa que el transporte público es insuficiente, no funciona, fue mal proyectado y no presta el servicio adecuado para evitar el transporte particular. Es el colmo que después de tantas protestas, reclamos y propuestas de profesionales con conocimientos en este ámbito, las autoridades del área metropolitana y el departamento permanezcan en silencio, inactivas, mientras todos nos seguimos envenenando con las altas emisiones de dióxido de carbono, reflejo de una ausencia de políticas públicas, ineptitud gubernamental y selección de personas idóneas para manejar las direcciones de tránsito.

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