jueves 25 de marzo de 2010 - 10:00 AM

El ejercicio del periodismo

En una sociedad libre, democrática y participativa, la prensa debe gozar de esas características y tener la garantía de que las autoridades velarán por su cumplimiento. Cuando la imprenta vive libre, la calumnia es nula.

A esta noble y compleja profesión se le ha pasado una cuenta de cobro muy alta durante estos últimos años por parte de los violentos, amparados en el vil argumento de que más vale un periodista muerto o secuestrado que libre e independiente informando y opinando sobre la realidad de nuestro acontecer cotidiano. Hace pocos días fue sacrificado en el departamento de Córdoba el periodista Clodomiro Castilla que trabajaba para la Voz de Montería, otro mártir más de su profesión que ha sido atrozmente castigada por delincuentes de diferentes grupos que no aceptan la actitud valerosa de estos profesionales que asumen con entereza la decisión de transmitir a las personas los diferentes fenómenos de corrupción que afectan a la sociedad de que hacen parte. La libertad de prensa debe entenderse por todos los asociados como la posibilidad que tiene el hombre de dar a conocer sus ideas por cualquier medio, y en este sentido ningún poder puede ni debe dañar ese derecho natural pues lo que hace el periodista es vender una verdad que ha descubierto y que los ciudadanos estamos ansiosos de saber. Dentro de este contexto la labor del periodista, como el que acabamos de citar, en un país con diferentes guerras no es tarea fácil. Siempre existirá la mano artera y embozada que busca impedir que salgan a la luz pública la realidad de ciertas conductas que mortifican a los detentadores del poder, a los bandidos, o a los que se escudan en su posición social o política para saquear el erario o para hacer alianzas indebidas y así 'descollar' en el ámbito público. Defendiendo el buen ejercicio del periodismo estamos respaldando la libertad, valor fundamental para la realización del hombre, sojuzgada en algunos regímenes anacrónicos con perfil de dictaduras que están en vías de extinción por limitar o no permitir abusivamente la prensa libre.

Quienes ejercen este noble arte y lo hacen con pundonor y transparencia saben que no pueden incurrir en desbordamientos y extralimitaciones, comprometiendo el patrimonio moral de los ciudadanos, pero tampoco pueden rehuir a su compromiso de entregarnos la verdad de hechos incorrectos que conozcan, pues en ello radica la base de su profesión.

 

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