jueves 26 de mayo de 2022 - 12:00 AM

Encapuchados...

Esa actitud cobarde de cubrirse el rostro con capuchas muestran la falta de pantalones y valor de esos sujetos, que no son capaces de hacer sus reclamos como la gente decente, sino camuflados

Hace unos pocos días un grupo de desadaptados cubiertos con capuchas atacaron de manera grotesca el Auditorio Luis A. Calvo de la Universidad Industrial de Santander- el centro de educación más importante del oriente colombiano- , lugar donde se celebraba la ceremonia de graduación de estudiantes de tal claustro y aduciendo protestar no se sabe por qué ni contra quien, agrediendo no solo a los alumnos y a sus familias al interrumpir tal acto, sino que la emprendieron también contra el Rector, Dr. Hernán Porras, quien presidía la reunión.

Estos comportamientos groseros y a todas luces reprochables muestran hasta qué grado de descomposición ha llegado nuestra sociedad, donde ya no se respeta ni el momento solemne más significativo para un estudiante, como es la entrega del cartón que lo acredita como nuevo profesional. Repudiamos tales conductas y expresamos nuestra solidaridad al Rector y a los directivos, porque esos procederes no son protestas sino actos delincuenciales que merecen el reproche de todos nosotros.

Esa actitud cobarde de cubrirse el rostro con capuchas muestran la falta de pantalones y valor de esos sujetos, que no son capaces de hacer sus reclamos como la gente decente, sino camuflados. Siempre me he preguntado por qué las autoridades no los desenmascaran para judicializarlos y llevarlos a la cárcel. Les pasa lo de Boabdil al entregar Granada, no tienen el valor de defender como hombres sus ideas así sean equivocadas. Seguimos creyendo que en nuestro país, mucha gente de diferentes estratos, hace lo que se le da la gana y la autoridad brilla por su ausencia. Esos malhechores confunden la protesta pacífica que es la que garantiza la Constitución Política y las leyes con el vandalismo artero sin medir ninguna de las consecuencias que se derivan de los actos violentos. Pueden existir argumentos válidos para protestar o elevar peticiones respetuosas y sensatas ante el Alma Mater pero lo anterior no puede confundirse con lo que ya hemos anotado. El maestro pacifista Gandhi afirmaba: “Me opongo a la violencia porque cuando parece causar el bien éste sólo es temporal, el mal que causa es permanente”.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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