jueves 19 de febrero de 2009 - 10:00 AM

Huésped de honor de la Casa de Bolívar

La Academia de Histona de Santander me confirió la distinción de ser su vocero para la presentación del señor Embajador de Francia en nuestro país, Don Jean Michel Marlaud quien fue recibido en la calidad mencionada. 

Resultó muy grato para mí este encargo por la admiración y afecto que siento por el pueblo francés, sentimientos que surgen de varias visitas a su tierra y a la trascendencia que reviste su historia en el contexto de las naciones.

En efecto, desde la remotidad cuando Julio César invadió con sus legiones romanas al país y después Augusto promovió la prosperidad de la Galia, pasando por otras epopeyas como la de Carlos Martel impidiendo el avance musulmán y defendiendo el cristianismo; la de Juana de Arco que liberó a Francia del yugo inglés; la revolución de 1789 con su lema de libertad, igualdad y fraternidad, hasta nuestros días, Francia se ha consolidado como potencia mundial, centro cultural de obligatoria referencia y faro donde se profesa especial culto por la libertad y respeto a los derechos de los ciudadanos.

La diplomacia que es la ciencia de los intereses y las relaciones internacionales, es para quienes tienen la virtud de saber obrar con inteligencia en el momento oportuno, de escuchar con atención y ser reservados en sus opiniones, y así mismo procurar entregar a los demás la mejor imagen del país que representan. Por ello, en alguna época Donoso Cortés, distinguido político español, quien se desempeñó como embajador de su país en París en el siglo XIX afirmaba que para un diplomático: 'lo importante no es escuchar lo que se dice, sino averiguar lo que se piensa'.

En esa sesión el señor Embajador disertó sobre un tema de gran actualidad para estas épocas: '60 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos'. A propósito del tema, referí que en una conferencia que dicté en diferentes centros académicos hace 10 años, comprobé cómo desde el Preámbulo de la mencionada Declaración, la palabra justicia era destacada con particular importancia, y afirmaba que dos conceptos universales allí citados que todo Estado de Derecho debe garantizar, la libertad y la igualdad, no pueden ejercerse a cabalidad sin el acompañamiento de la justicia, pues es propio de la condición humana.

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