jueves 23 de abril de 2009 - 10:00 AM

Indiferencia e impunidad

Una de las ventajas con que cuentan los delincuentes en nuestra sociedad, es la falta de solidaridad que acostumbran a practicar algunos ciudadanos que con frecuencia se amparan en el trivial y egoísta argumento de que 'nadie se meta conmigo, que yo con nadie me meto'.

Esta criticable conducta ha venido haciendo carrera en particular entre aquellos que solo piensan en garantizar su seguridad personal y la de su entorno familiar, olvidando que la vida en comunidad no sólo significa exigir que se nos respeten nuestros derechos, sino reconocer que existen deberes y obligaciones para con los demás, actitud que es la que se estila entre individuos civilizados. Podemos preguntarnos, ¿por qué se ha llegado a esta situación?; ¿No es suficiente enterarnos a diario de todas las fechorías que se cometen y que por falta de respaldo ciudadano quedan en la impunidad? Con certeza cada quien tiene sus propios argumentos, pero me atrevo a plantear algunos:

Como todo viene de familia, es en el seno de ella donde se enseña y se pone en práctica el espíritu de compromiso con los demás.

Esos sentimientos deben haber sido advertidos y aprendidos de los progenitores. Cuando algunos individuos se desinteresan de la suerte ajena y asumen posiciones altivas, poco consecuentes con la realidad, lo que demuestran es que hubo falencias en la formación familiar.

De otra parte, no estamos solos, por la fuerza de las circunstancias la vida cotidiana debemos compartirla, y eso exige que no se pueden asumir actitudes insulares y alejadas del entorno social, porque lo que le sucede a alguien en particular, puede ocurrirle también a todos.

Cuando los comportamientos indiferentes se tornan en algo común y corriente, no sólo se les está enviando un claro mensaje a los maleantes, sino que también estamos poniendo en riesgo nuestra propia seguridad. De contera, para las personas que están cerca de nosotros y nos observan actuar con ese estilo, muy pronto creerán que lo válido para sobrevivir es asumir ese tipo de procederes.

Es decir, a mi me importa mi suerte, pero poco la de los otros. Esos malos ejemplos son un espejo engañoso y peligroso que van en contravía con el mensaje bíblico que enseña en el Libro de los Jueces VII. 17 lo siguiente, 'lo que me viereis hacer, hacedlo vosotros'.

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