jueves 05 de noviembre de 2009 - 10:00 AM

La cultura

Se considera como tal el estado de adelanto o progreso intelectual o material de un pueblo o nación. Este argumento sirve como prólogo para afirmar que cualquier ciudadano que tenga la oportunidad de conocer otros países, comprobará las diferencias notorias que existen con nuestra sociedad.

Allí podemos corroborar que el Estado y sus dirigentes se han preocupado por educar a su pueblo. No solamente es el grado de preparación académica que pueda tener cada individuo, es el trato común y corriente entre los miembros de esas comunidades. En el teatro, en las calles, en las oficinas o en el bar, se encuentran personas disciplinadas que acatan las normas de conducta que gobiernan la sociedad. Es ni más ni menos que el respeto por el derecho de los demás y el saber hasta donde van los de uno.  Alguien decía que los colombianos en buena proporción son patanes e incultos en nuestro país, pero en otro son modelo de comportamiento.  ¿Qué será lo que nos hace falta?.  Muchas cosas, por ejemplo:

Entender y aceptar por los gobiernos que cuando se apoya la educación y la cultura se está invirtiendo en la persona.  El logro a mediano plazo no sólo es una sociedad más tolerante y respetuosa, sino contrarrestar la violencia y restringir el delito.  Los programas educativos y culturales deben adoptados institucionalmente como políticas de Estado, por ende, todos los gobiernos deben respetarlos y mantenerlos en el tiempo como políticas permanentes.

Se deberá insistir que los planteles educativos deban incluir como materias fundamentales aquellas referidas a la urbanidad, la cívica, la ética, la historia, en fin, todo lo que forma al individuo humanísticamente. Los centros académicos están educando seres humanos que deben dar ejemplo de vida a sus semejantes y no robots. Si a este esquema se le hubiera dado prioridad, el país no hubiera tenido que padecer los altos niveles de delincuencia que nos han azotado y observar con vergüenza el desfile de dirigentes hacia la cárcel por corruptos o por aliarse con los que nunca debieron hacerlo. La falta de formación y de cultura permite que los halagos del poder se cambien por una vida digna y ejemplarizante. La cultura es uno de los elementos integrales de la civilización. El mayor grado de cultura de un pueblo coincide con el de su civilización. He ahí la distancia que nos separa de muchas naciones.

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