jueves 27 de julio de 2023 - 12:00 AM

Rafael Gutierrez Solano

La estética

Ya no resulta extraño observar la forma desabrochada como muchos individuos, manejan sus asuntos rutinarios, despreciando las normas más elementales de urbanidad y cortesía

Hace poco leí un artículo sobre este tema y me quedó grabado un argumento que por elemental, no deja de ser válido: la estética es hermana de la sensibilidad. A quién carece de este don, de esa gracia especial para hacer o cumplir una actividad, no se le puede exigir que en su vida cotidiana, en su ejercicio público o en su labor profesional atienda parámetros de buen gusto o respeto por lo bello. El sentido de la estética en muchos casos es propio del individuo, nace con él, en su hogar se privilegia este comportamiento y a corto plazo se traduce en habilidades para las artes u otros escenarios artísticos.

A nivel personal se puede detectar en las buenas maneras, el uso del buen lenguaje, el gusto por el vestir, la forma de interactuar en la comunidad, en fin, como lo advierten los expertos en la materia, el estilo es el hombre. Este tema en apariencia trivial, está cobrando gran vigencia, por la manera poco pudorosa como se está buscando acabar con la tradición, las buenas costumbres, lo que nos legaron los mayores y así impedir su prolongación en el espacio. Ya no resulta extraño observar la forma desabrochada como muchos individuos, manejan sus asuntos rutinarios, despreciando las normas más elementales de urbanidad y cortesía.

Dirán unos cuantos que esto es propio de la modernidad, el nacimiento de una nueva época, el fenómeno de la globalización, etc. pero lo que siempre permanecerá incólume es la diferencia entre lo estético y lo que agrede el gusto, por más sencillo que ello sea. Cuando lo comentado trasciende de lo privado a lo público, el asunto es más preocupante, pues estos desaliños no se los pueden dar quienes ostentan una investidura en representación de una comunidad, que espera ver en esos personajes, gente atildada y de estilos sobrios, acorde con las funciones que desempeñan. El novelista español Pio Baroja enseña: “el hombre debe tener la sensibilidad que necesita para su época y para su ambiente; si tiene menos, vivirá como un menor de edad; si tiene la necesaria, vivirá como un adulto; si tiene más, será un enfermo”.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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