jueves 22 de octubre de 2009 - 10:00 AM

La hipocresía

Esta forma de comportamiento humano puede catalogarse como un vicio o imperfección y consiste en la afectación de una virtud, cualidad o sentimiento que no tiene el individuo. El estilo es la persona, para bien o para mal. En el mundo estamos y sobre este tema son varios los filósofos, politólogos, literatos, que han dedicado tiempo a describirlo, atacarlo, entenderlo o tolerarlo. Veamos algunos de estos razonamientos:

Maquiavelo en 'El Príncipe', Cap. XVIII, cuando habla de cómo debe guardar el príncipe la fe jurada, afirma que 'mejor es que parezca que un príncipe tiene buenas cualidades a que las tenga en realidad'. En otro aparte de su obra enseña que 'en un pueblo corrompido en el que se han extinguido la religión y el temor de Dios, el juramento y la fe prestada se conservan mientras son útiles. Los hombres se sirven de ellos, no para observarlos, sino como medio para engañar más fácilmente'. Víctor Hugo en su obra 'Los Trabajadores del mar', Parte I, Libro VI, dice que 'un hipócrita es paciente, en el doble sentido de la palabra: calcula un triunfo y sufre un suplicio'. Jacinto Benavente en su obra 'El Hijo de la Polichinela', en la parte introductoria coloca en labios de este personaje que 'no debe despreciarse ninguna ocasión de aparentar que se es muy desgraciado... porque así te odian menos, te compadecen un poco y te atienden algo...'. La obra de Moliere, 'Tartufo' (en italiano significa trufa), universalizó este concepto, en razón a que tartufo y tartufería han llegado a ser el símbolo de la falsa devoción, de la beatería engañosa, de la hipocresía en una palabra. Según refieren los críticos literarios, Moliere quiso significar así al bautizar su héroe, que el pensamiento de un hipócrita no es más fácil de descubrir que las trufas.

Confucio en su sabiduría advertía que 'hay que huir por un momento del hombre encolerizado, y para siempre del hombre disimulado'. Balzac por su parte consideraba que 'los hipócritas no sirven a Dios, pero se sirven de Dios para engañar a sus semejantes'. El cardenal Mazarino como gran político estimaba 'desconfiad de aquellos que quieren serviros sin conoceros, su deferencia oculta siempre un lazo'. Sin embargo, a pesar de todo lo anterior, no nos quejemos de ver a la hipocresía gobernar a los hombres. El mundo sería un infierno si no existiera la hipocresía.

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