jueves 05 de mayo de 2022 - 12:00 AM

La Justicia: Orden Necesario

La justicia es un orden necesario, pues sin ella no sería posible la sociedad ni la realización de fin alguno común. Sin ella las leyes no serían cumplidas, pues no podría existir la sanción

El escritor español Francisco de Quevedo y Villegas afirmaba que “donde no hay justicia, tener razón es peligroso”. Ser justo es una virtud que debe ser constante, firme, inalterable, arraigada, como dicen Las Partidas, que no puedan perturbarse por nada ni por nadie, ni aún por la misma amenaza de muerte cierta. La justicia no se refiere nunca al mismo ser que obra, sino al bien ajeno. Persigue fijar la igualdad de tal modo que todos y cada uno reciban o tengan todo lo que a cada cual corresponde como propio, ni más ni menos.

La justicia es un orden necesario, pues sin ella no sería posible la sociedad ni la realización de fin alguno común. Sin ella las leyes no serían cumplidas, pues no podría existir la sanción. Y como los hombres son inclinados por sus pasiones a violar la justicia, surge la necesidad de un poder que aplique ésta y la haga efectiva, poder llamado judicial y al que el vulgo denomina la justicia, tomando el medio por el fin. El origen de todos los conflictos sociales como los que padecemos es la falsa concepción o aplicación de la justicia. La ley justa podrá hallar alguna vez dificultades, pero echando raíces en la conciencia colectiva, acaba por imponerse.

El filósofo Seneca afirmaba que la libertad no es un don que gratuitamente haya concedido la fortuna al hombre, sino el resultado de toda su actividad moral. Esta actividad está ligada a la necesidad de que existan leyes para acatar y respetar colectivamente, garantizando la convivencia. Las leyes deben ser fuertes y drásticas así sean pocas, y los jueces deben estar dotados de los mecanismos para aplicarlas con independencia y objetividad, y así hacer desaparecer la mordaza de la impunidad.

A los delincuentes no les interesa el orden, viven del desorden, procuran en todo momento sembrar la discordia, el terror y fomentar la inconformidad. Por eso no es extraño enterarnos a veces de que en tales cuales lugares del país los jueces son amenazados por estos criminales. Allí donde se manifiesten, debe imponerse por el Estado el orden y la autoridad.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Publicidad
Publicidad
Publicidad