jueves 29 de septiembre de 2022 - 12:00 AM

La mendicidad

Este problema social ha caminado parejo con el desarrollo de las sociedades. Resulta cruel afirmarlo, pero es la triste realidad. Si paseamos por las calles de Bucaramanga u observamos las esquinas de la ciudad, en cada uno de esos sectores hay gente mendigando, por lo general en compañía de menores, lo cual agrava la situación. Las autoridades poca atención le prestan, olvidando uno más de los mandatos románticos de nuestra Constitución: el derecho fundamental a la igualdad que ordena al Estado adoptar medidas en favor de grupos discriminados o marginados. Aún cuando buena parte de la responsabilidad de este flagelo le incumbe a la Nación por no satisfacer cabalmente sus obligaciones sociales, muchos individuos apelan a ella por vicio, convirtiéndose en una forma lucrativa de subsistir a costa de los demás. Qué mina inagotable es pedir. Alguien decía que el mendigo es un invento útil: no puede pedirse un servidor más barato de nuestra conciencia.

Algunos cronistas franceses refiriendo la historia de París anotan que desde la Edad Media hasta mediados del último siglo se acuñó una frase para identificar los refugios en donde se ubicaban los grupos de los mendigos: “Corte de los Milagros”. En esos lugares todos los días se producían verdaderos milagros, pues al volver a sus antros, hablaban los sordomudos, bailaban los ciegos y paralíticos, y se volvían jóvenes los viejos. Espectáculos similares se viven en nuestras ciudades donde por lo general es fácil comprobarlo. Esos sitios son de fácil ubicación, las autoridades los conocen pero es muy poco o nada lo que hacen para redimir esta problemática.

Esta endemia cada vez más preocupante genera todo tipo de problemas a la comunidad. Es el mejor caldo de cultivo de delincuentes, que al arrimo de los pordioseros buscan la oportunidad de cometer sus fechorías. Se presume que un estado social de derecho fundado en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y en la prevalencia del interés general, debe impedir tan vergonzosa actividad. El Estado social rompe el tradicional modelo de Estado pasivo para cumplir una redistribución social, que involucra una función asistencial.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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