jueves 29 de abril de 2010 - 10:00 AM

La minería

Los santandereanos hemos tenido la oportunidad de enterarnos a través de este diario, de lo interesante que puede resultar la actividad minera como inversión y fuente de empleo, pero al mismo tiempo el inmenso riesgo que ella implica si las empresas que adelantan esta labor no lo hacen teniendo el cuidado de proteger el medio natural donde se desarrolla, respetando las disposiciones legales que exigen medir el impacto ambiental producto de toda una operación compleja que implica excavaciones, remoción de tierras, utilización de explosivos para derribar montañas que impidan el avance de las obras, empleo de sustancias químicas para conseguir los minerales objeto de la explotación, que pueden derivar en contaminación de las fuentes, ríos y quebradas que surten de agua a los diferentes municipios y ciudades.

Muchos expertos coinciden en afirmar que la minería a cielo abierto sin los controles que exigen los códigos ambientalistas, producen altos índices de contaminación, al punto que se puede arrasar con el entorno ecológico, generando devastación en la flora, la fauna y las fuentes hídricas. Es entendible que en un país donde las oportunidades laborales son cada vez más escasas, donde miles de familias se desplazan por toda la nación buscando el sustento diario y donde además el gobierno de turno promete redimir de la pobreza a tantas gentes sin oportunidades y al final de su mandato no cumple, la opción de la minería resulta atractiva como solución a tanta indiferencia con el menos favorecido. A pesar de lo anterior, abogamos porque esta industria que tiene vertientes en muchas regiones del país, tenga en cuenta el criterio que se emplea en otras latitudes, conocido como el 'desarrollo sostenible' una alianza productiva pero respetuosa entre el hombre y la naturaleza, o democracia ambientalista que implica una redefinición de las relaciones de explotación que protege no sólo al individuo, sino a la tierra. Recordemos que Juán Jacobo Rousseau en su obra 'El Emilio' afirmaba que 'la naturaleza no nos engaña jamás; somos nosotros siempre los que nos engañamos'.

La crisis ambiental actual es la consecuencia de una sociedad que ha cosificado la naturaleza, donde sólo interesa la ganancia individual, la acumulación de capital y la afirmación del hombre, dominándola, esclavizándola y depredándola. Esta actitud es la que se debe derrotar en concurso con las autoridades encargadas de la protección de los recursos naturales, que en muchas ocasiones son permisivas y no emiten ni siquiera un pronunciamiento sobre temas como el que acá estamos tratando.

 

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