jueves 23 de julio de 2020 - 12:00 AM

La tolerancia

Ella no exige soportar situaciones indignas del hombre o un dominio inhumano y despectivo, por ende no nos obliga de ninguna manera a callarnos sobre comportamientos irregulares que amenazan la convivencia.
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Es llamada la pequeña virtud, no por insignificante sino porque depende de otras virtudes y condiciones institucionales sin las cuales perdería su valor. Bien entendida, la tolerancia no significa indiferencia hacia los demás sino el reconocimiento de sus diferencias y de sus derechos a ser diferentes. La tolerancia es una actitud que debe practicar tanto el individuo como el grupo social, tanto el gobierno como las cortes, como el congreso y la opinión publica. En estas épocas en donde cada cual quiere tener la verdad revelada, hace mal uso de ella siendo intolerante al discriminar, al maltratar a los que tienen ideas diversas, a los que no practican las mismas creencias religiosas, o tendencias políticas. La tolerancia tiene como condición la conciencia de la propia identidad y un sentido realista del propio valor.

Es ingenuo suponer que los hombres somos tolerantes, compresivos y amables, por naturaleza. La tolerancia implica soportar al otro con la intención de entenderlo mejor. La tolerancia no es una cualidad congénita es necesario adquirirla. En consecuencia, hay que empezarla a construir desde el hogar, el colegio o la universidad, desarrollando una pedagogía creativa que permita al individuo ser el constructor de su propia esencia y artífice de su desarrollo moral, intelectual y social.

La tolerancia exige coraje, porque el hombre interactúa a diario con demás personas, lo que implica que esta no debe confundirse con la aceptación de cualquier cosa como válida. Por importante que sea la tolerancia, justamente en estos tiempos, también hay limites ante los manifiestamente intolerantes. Tales limites están allí donde individuos o grupos pretenden imponerse por la violencia al resto de la sociedad y oprimirla. Ella no exige soportar situaciones indignas del hombre o un dominio inhumano y despectivo, por ende no nos obliga de ninguna manera a callarnos sobre comportamientos irregulares que amenazan la convivencia. En consecuencia, existe una diferencia entre tolerar y soportar. Todos tenemos que aceptar muchas cosas que preferiríamos eliminar, sin embargo estamos obligados a aceptar las limitaciones naturales insuperables para nosotros. La naturaleza no es tolerante, nosotros si tenemos que serlo si queremos convivir en paz.

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