jueves 31 de marzo de 2022 - 12:00 AM

Las cárceles

El sistema carcelario en Colombia está podrido, no solo en las prisiones sino también en quienes tienen a su cargo la administración de las mismas.

Ahora que el presidente Iván Duque ha reiterado por los diferentes medios de comunicación que la reforma del INPEC no da espera, vale la pena recordar una frase pronunciada por uno de los miles de reclusos que tiene el país, y que identifica en buena forma el drama de una sociedad incapaz de resocializar a sus delincuentes: “Uno entra debiendole algo a la sociedad, pero cuando se sale de la cárcel, es la sociedad la que le debe a uno”. Pues bien, acá se refleja de manera palpable que estos antros de hacinamiento, de corrupción y del crimen no han sido abordados con seriedad y dedicación, para ofrecerles a los reclusos una forma de redención de sus delitos, porque no existe la preparación, ni la formación de quienes los dirigen. Siempre son individuos empíricos e improvisados.

Cada vez que se fuga un presidiario que por lo general son de alta peligrosidad y tienen como pagar su huida, lo que hace el gobierno es suspender los directores, subdirectores de los penales, investigar a unos cuantos guardas, que con el tiempo quedan en libertad porque no existe la capacidad pesquisidora del Estado, para imputarles con pruebas los delitos que se les endilgan. Y es que volver sobre el tema carcelario es casi una obligación, porque el ciudadano de a pie le resulta poco estimulante conocer que en las cárceles hay de todo, menos castigo. A menudo se refiere en los noticieros como al hacerse una requisa – sorpresa en las celdas, se les encuentra a los individuos más peligrosos todo tipo de elementos restringidos, donde queda probado como el que tiene el dinero es el que puede disfrutarlos, debido a que existen guardas corruptos que se dejan sobornar.

El sistema carcelario en Colombia está podrido, no solo en las prisiones sino también en quienes tienen a su cargo la administración de las mismas. De ahí lo importante de su reforma o abolición, con nuevas reglas de juego. Esperaremos con paciencia a conocer lo que el Presidente y su ministro del ramo van a proyectar, y que ojalá no se desinfle en el camino.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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