jueves 15 de agosto de 2019 - 12:00 AM

Lo bueno... lo matan

Cómo requiere la Nación de sus mentes lucidas, inteligencia, ponderación y buen humor, en medio de este clima bochornoso de intolerancia, polarización y odio
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La dolorosa circunstancia de rememorar por esta época las fechas en que fueron asesinados algunos de nuestros mejores hombres y líderes cuya lista es vergonzosamente abultada, sirvió a la emisora W para escoger antier como tema del día –para que opinaran sus oyentes- la frase que identifica esta columna. Entre otros recordamos a manera de homenaje a Luis Carlos Galán, Jaime Garzón, Álvaro Gómez Hurtado, Guillermo Cano, etc., quienes junto con muchos más ilustres colombianos, no solo enaltecieron a la Nación, sino que sirven de obligatorio referente para esta y otras generaciones por el papel protagónico que realizaron en sus áreas profesionales.

Las actuaciones en vida de estos prohombres nos permiten afirmar hoy, sin dilaciones o dudas, que es notoria y ostensible la diferencia con los personajes que ahora el país tiene que soportar, y por qué no decirlo, sufrir, pues sus comportamientos y estilos distan bastante del ejemplo brindado por ellos, para traducirse en típicos salteadores de la función pública, donde todo vale y nada se respeta. Cómo requiere la Nación de sus mentes lucidas, inteligencia, ponderación y buen humor, en medio de este clima bochornoso de intolerancia, polarización y odio que destilan y atizan ciertos sectores del poder fácilmente identificables que buscan a toda costa “cobrar” viejas deudas de presunta deslealtad, no sumisión e independencia, afectando la tranquilidad, desarrollo y progreso de esta sociedad.

Este es el patético cuadro en el cual se reflejan esas malsanas y mezquinas pasiones, en muchos casos proclives al delito que identifican a esos nuevos protagonistas del quehacer político y del manejo cotidiano de las instituciones que representan al Estado. Los balances y resultados de las labores gubernamentales por estos tiempos, saltan a la vista, producto del análisis y reflexiones de analistas muy reputados que han valorado con juicio cada uno de los sectores de la administración pública. Ante los informes conocidos tendremos que aplicar lo que reza el aforismo latino: “Contra factum, non valet argumentum”. Que traduce: contra los hechos, no hay argumento que valga. En consecuencia, seguimos equivocándonos de forma grave, al permitir que nos impongan los gobernantes.

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