jueves 24 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

Los niños: las víctimas

Toda esa cruel información nos hace pensar que si la cadena perpetua o la pena de muerte no existieran, habría que inventarlas para ciertos casos. Hay un trágico desmoronamiento de las normas cristianas y morales.
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Entre las muchas noticias tenebrosas y poco alentadoras que ofrecen los medios de comunicación referidas a distintos temas que golpean a nuestra Nación, el maltrato infantil es uno de ellos, y a todas luces un gran lastre que no logra contenerse. El noticiero CM& refirió antenoche el caso de un niño de tan solo cuatro años a quienes madre y padrastro lo amarraban cuando salían de casa y demás vejámenes, porque aducían cínicamente no tener con quien dejarlo. Esos sujetos -según el noticiero- fueron enviados a la cárcel. A renglón seguido se conocían de parte de ese informativo, datos diarios del oprobioso porcentaje de infantes maltratados y humillados en este país del Sagrado Corazón y la Virgen de Chiquinquirá. ¡Qué horror!

Individuos que se ensañan con seres inermes, desprotegidos, mal alimentados y sin educación, merecen las condenas más duras posibles, porque con su reprochable proceder, cultivan en sus almas el odio y el rencor hacia sus semejantes. A la postre después de tanto injusto castigo están engendrando futuros delincuentes. Este sentimiento es lo que nos permite afirmar que aún es medianoche en el orden moral del país. Creo que lo que se revela es poco o matizado, y la verdad es más aterradora de lo que se conoce. Toda esa cruel información nos hace pensar que si la cadena perpetua o la pena de muerte no existieran, habría que inventarlas para ciertos casos. Hay un trágico desmoronamiento de las normas cristianas y morales.

Esta sociedad ha aplicado al comportamiento ético la teoría de la relatividad de Einstein, concebida para describir el mundo físico. Una sociedad edificada sobre el trato vil y despiadado que se da a los niños, convirtiéndolos en débiles en cuerpo y alma, fue lo que permitió que dictadores sanguinarios como Adolph Hitler, el padre del Nazismo, afirmaran que “...por medio de hábiles mentiras, repetidas hasta la saciedad, es posible hacer creer a la gente que el cielo es el infierno... y el infierno el cielo. Cuanto más grande es la mentira más se cree” (De su obra Mi Lucha).

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